No tengo dinero, pero tengo amor

Nuestros gobernantes se empeñan en consolidar el discurso del crecimiento económico actual y de sus previsiones futuras, halagüeñas, según ellos. Somos líderes en crecimiento, campeones de la recuperación, un ejemplo de cómo se sale de la crisis para toda Europa. La crisis ya es historia, sentencian sin pudor.

Sin embargo algo falla: según un reciente informe de la Organización Internacional de Trabajo (OIT), España es el país desarrollado en que más sube la desigualdad. La realidad no cuadra.

Una de las principales causas es el aumento del desempleo en las rentas más bajas, aunque tampoco haya que perder de vista que, según señala este informe, los españoles y españolas han visto cómo sus salarios se han reducido aproximadamente un 6% desde 2009. –Curiosamente, desde 2007 la productividad en España no ha dejado de incrementarse (al rededor de un 8% acumulado)–.

El aumento del desempleo en los últimos cinco años ha resultado imparable, alcanzándose cotas indecentes.  A pesar de ello, el gobierno y sus adalides, entre ellos, muchos medios de comunicación celebran, por ejemplo, que la tasa de paro en España baja por primera vez desde 2011 del 24% (EPA 3T). Es un buen dato, se nos dice, porque en un trimestre el número de parados disminuyó en 195.200 personas y, así las cosas, la cifra total de desempleados en España está en 5,428 millones de personas. Por lo tanto, estamos en la buena dirección, nos cuentan, y las reformas estructurales emprendidas están dando sus frutos. Ya ven.

Cerca de siete millones de personas, el 16,6% de los hogares, están en riesgo de pobreza energética en España, según la segunda edición del Informe elaborado por la Asociación de Ciencias Ambientales, hecha pública en marzo de 2014. Esta es otra causa del desempleo, la pobreza energética, que impide a las familias pagar las facturas de suministros básicos, como agua, luz y gas. Condenados a volver a sus casas cada día para aspirar el sentimiento de la derrota más profunda en todos sus rincones.

En junio de 2013 el gobierno de España en respuesta a una pregunta parlamentaria de Cayo Lara, coordinador federal de Izquierda Unida, sobre el número de desahucios desde 2006 y, con datos del Consejo General del Poder Judicial, manifestó que se produjeron las siguientes ejecuciones hipotecarias: 2006 (16.097), 2007 (17.412), 2008 (20.549), 2009 (37.677), 2010 (54.250), 2011 (64.770), 2012 (75.375). Según el Banco de España los desahucios subieron en 2013 en relación a 2012. En los 6 primeros meses de 2013 hubo 19.567 desahucios, lo que arrojaba una media diaria de 216 desahucios diarios.

El Salario Mínimo Interprofesional en España es de 645,30 euros mensuales, repartido en 14 pagas. En Francia es de 1.425 euros, en Gran Bretaña, 1.244, en Bélgica, 1.472. En Grecia, 683 euros. Por debajo de España se sitúa Portugal, con 565 euros. En todos los casos repartidos en doce pagas. La crisis ha hecho crecer el número de trabajadores que cobran el salario mínimo y ha disparado las contrataciones a tiempo parcial con retribuciones por debajo de esta cifra. Algunos estudios estiman que en España tres de cada diez contribuyentes a Hacienda no alcanzan siquiera estos 645 euros.

Todos los anteriores son datos reales de fuentes fiables, informaciones veraces y contrastadas. A pesar de ello, sin embargo, hay personas que creen que la situación descrita no es real, sino que se trata de visiones catastrofistas de los sospechosos habituales. Son los que han comprado sin dificultad el discurso complaciente de los los gobernantes (la mayoría silenciosa), cuando no  su desprecio: resulta que la vicepresidenta del gobierno no se queja de su salario (75,744 euros brutos anuales); además, trabaja tanto que no tiene tiempo para gastar lo que gana; o directamente el insulto y la desvegüenza: el problema de los niños y niñas de la comunidad de Madrid es la obesidad, no la malnutrición, escupe en el parlamento regional ese personaje turbio que es Ignacio González.

Se trata, ahora a las puertas del año electoral, de cambiar la percepción de los otros ciudadanos, de la minoría silenciada y si no, de mirar hacia otro lado.

Como Sacha Nairobi: que no tiene dinero, pero tiene amor.

Mientras que las calles se visten de iluminación navideña, los parados, los pobres, los más desfavorecidos, van del comedor social a sus asuntos; del banco de alimentos a la cola del paro, de la puerta del colegio de los niños a casa de los suegros. De la tristeza al desaliento, cuando no a la desesperación. Y así van viviendo. Y así, tratarán de convencernos,  tendrán que vivir. Así tendrán que morir.

Aceptar ese discurso de los poderosos sería convertir el crecimiento económico en un oximoron, una contradicción en sí misma. Música celestial, en fin. Una mezquindad que, ahora sí, nos acercaría definitivamente a nuestros gobernantes.

Y yo, no quiero.

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