El fin del verano, de nuevo

Los días vuelven a ser frenéticos: colegio, trabajo, actividades… Es la hora de los y las valientes, madres y padres para los que la conciliación de la vida laboral y familiar no es más que una expresión vacía y ajena a su realidad, normalmente conformada por un empleo precario o con condiciones laborales salvajes en el que no queda otro remedio que resistir. También es el momento de los imprescindibles, de los abuelos y de las abuelas que, cada vez más, hacen posible con su entrega y dedicación que las cosas puedan salir adelante, sobre todo en los hogares más humildes.

Con lo cohetes en la playa del último día de la Feria se acaba el verano; eso se ha dicho siempre en Motril. Este año, además, el viento de poniente  se ha sumado al final de la fiesta anunciando la inminencia del fin de los días de verano.

Apartamentos y urbanizaciones en las playas comienzan a vaciarse a partir de estas fechas. Chiringuitos, restaurantes, locales ven cómo el día a día va flojeando aunque siguen confiando en recuperar el ajetreo y el negocio durante los fines de semana. Los niños y niñas saharauis vuelven a sus campamentos de refugiados a sobrevivir aferrados al sueño de retornar algún día a su país ocupado y poder sentirse, de nuevo, hijos de las nubes como sus antepasados.

El fin del verano
Fuente: unclavoardiendo.com

Se echa encima septiembre, un mes amable y acogedor en la Costa, de atardeceres lentos que invitan a caminar con calma a orillas del mar. Nos gana septiembre con su aroma de melancolías.

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Sequía informativa

A pesar de ello, en los días de verano no son extraños los sobresaltos informativos. Especialmente en el ferragosto saltan noticias e informaciones que vienen a perturbar esa realidad calmada. En el ámbito político, este año una de estas ha sido ese encuentro tan natural del Ministro del Interior con Rodrigo Rato.
Desgraciadamente, otras que no resultan infrecuentes durante estos días son las terribles noticias sobre crímenes machistas, violencia contra los menores y otras formas de la violencia que no cesa. Noticias que son cruda realidad. Treinta y cuatro mujeres ya han sido asesinadas durante lo que va de este año 2015. Un crimen de género cada siete días, un horror que evidencia uno de los lados más espantosos, terribles y oscuros de la sociedad en que vivimos.

Como no podía ser de otra manera, el verano también trae cambios en el panorama de la información, sobre todo en los contenidos y el tratamiento que los medios de comunicación ofrecen de la actualidad informativa. Los días de verano abren una especie de paréntesis en los medios que se rellena con becarios y becarias, con menos páginas en la prensa escrita y con programas ligeros y pretendidamente refrescantes (léase horteras y/o chabacanos) en la televisión.

A pesar de ello, en los días de verano no son extraños los sobresaltos informativos. Especialmente en el ferragosto saltan noticias e informaciones que vienen a perturbar esa realidad calmada. En el ámbito político, este año una de estas ha sido ese encuentro tan natural del Ministro del Interior con  Rodrigo Rato, al parecer para hablar sobre los graves riesgos que corre la seguridad del expresidente del FMI por las amenazas que recibe desde las redes sociales (se supone que mientras se da chapuzones en el mediterráneo desde la cubierta de su modesto yate o mientras teje tramas de ingeniería contable y financiera en beneficio propio).

sequia informativaDesgraciadamente, otras que no resultan infrecuentes durante estos días son las terribles noticias sobre crímenes machistas, violencia contra los menores y otras formas de la violencia que no cesa. Noticias que son cruda realidad.  Treinta y cuatro mujeres ya han sido asesinadas durante lo que va de este año 2015. Un crimen de género cada siete días, un horror que evidencia uno de los lados más espantosos, terribles y oscuros de la sociedad en que vivimos.

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Días de Feria. Mejor sin toros

El resultado suele ser un programa salpicado de variedades, un de todo un poco que combina lo espectacular con lo mediático, el mainstream con lo local y lo tradicional con lo de más rabiosa actualidad para alcanzar, de esta manera, a jóvenes y mayores, a amantes de la copla y a indies, a rockers y a folkys, a horteras y a pijos, a catetos y a finolis. A apocalípticos y a integrados, en definitiva.
A taurinos, también. Lamentablemente en nuestras fiestas sigue habiendo corridas de toros, una costumbre tan atávica como cruel que muchos quisiéramos ir viendo cómo desaparece para dar paso a otros modos de celebración menos salvajes, más acordes con nuestro tiempo y, en definitiva, más respetuosos con los demás, sean personas, animales o cosas.
Pero, parece que todavía no toca.

El verano es tiempo de fiestas. A medida que avanza, sus días van jalonándose de diferentes festejos y de ferias de localidades, pueblos y ciudades que, de este modo, celebran con sus vecinos costumbres y tradiciones, además de pretender atraer a visitantes y turistas con actividades y conciertos.

En la Costa, desde San Juan –cuando Salobreña celebra sus fiestas patronales–, en los meses de julio y agosto se va completando un calendario festivo que pasa desde Carchuna en los primeros días de julio, a La Caleta y Torrenueva en torno a la festividad de la virgen del Carmen y que alcanza su apogeo durante el mes de agosto con las fiestas patronales de Calahonda, Motril y Almuñécar.

Castillo de fuegosDe la importancia que llegan a tener estos eventos como uno de los indicadores de la (buena o mala) gestión municipal es buena muestra que en los ayuntamientos suela existir un área o una concejalía de Fiestas que ocupa un lugar central en sus equipos de gobierno. Porque no deja de ser habitual el runrún de las valoraciones subjetivas de unos y de otros, las comparaciones de lo organizado un año con el anterior, de lo hecho por estos y aquellos. En fin, los ayuntamientos se esmeran en destacar a través de iniciativas y actuaciones y en lograr satisfacer los gustos de la mayor parte de los vecinos y vecinas con programaciones diversas que, además, procuran atraer el mayor número de visitantes y turistas.

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Tiempo de lectura

En estos tiempos adversos en los que tantas trabas se pone a la cultura para todos penalizando su acceso –el IVA cultural en este país es el más elevado de toda la Unión Europea con mucho, y los precios de libros, conciertos y espectáculos en ocasiones resultan prohibitivos–, las bibliotecas públicas deberían ocupar un lugar central y luminoso en nuestras ciudades, en sus barrios, en las calles y en las plazas. Pero no es así. Las bibliotecas languidecen y sobreviven en muchas ocasiones por el empeño vocacional, la creatividad y el compromiso de los bibliotecarios. Un perfil que algunos quisieran en extinción y que tanto tiene que ver con el de los viejos libreros.

El verano es tiempo de lectura. Parece que en verano leemos más, se lee más. Quizás lo hagamos intentando recuperar el tiempo que durante el resto del año por la premura de los días, por las derrotas de las noches, no hemos podido dedicar a la lectura. También, sobre todo, porque la placidez del verano invita a la lectura: los días luminosos, las horas más lentas, las noches amables…

Los días de verano son propicios para recuperar el placer de la lectura, ese hábito mentalmente saludable, incluso vicio íntimo, solitario –que no nefando– que nos lleva de la mano, normalmente, hasta el amor y el gusto por los libros.

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Días de verano

De cualquier modo, resistimos y año tras año, afortunadamente, podemos disfrutar con deleite de los primeros días del verano, cuando éste apenas se anuncia. Esos días que contribuyen a conformar un estado de ánimo que nos guiará por las calurosas jornadas de julio, nos llevará de la mano por las fragantes noches de agosto y nos dejará inmersos en la puerta de su final, en septiembre, un mes de nostalgia y de ligeras tristezas.

Como cada año, el verano se nos acaba viniendo encima. Avisando o sin avisar, cuando nos queremos dar cuenta  nos vemos envueltos en el fragor del estío, en todo lo que tiene de bueno y en todo lo que tiene de malo: el aroma de las noches que insinúan promesas de otras  vidas (im)posibles, el rumor del mar más cercano o el color y el tacto de nuestras pieles invitadoras al roce. Pero también, el eco ruidoso de la masificación, las carencias en servicios e infraestructuras de nuestra ciudad y de nuestras playas o, en fin,  la mala educación ciudadana de buena parte de veraneantes, visitantes y habituales.

Foto @pegaozillo
Foto @pegaozillo

De cualquier modo, resistimos y año tras año, afortunadamente, podemos disfrutar con deleite de los primeros días del verano, cuando éste apenas se anuncia. Esos días que contribuyen a conformar un estado de ánimo que nos guiará por las calurosas jornadas de julio, nos llevará de la mano por las fragantes noches de agosto y nos dejará inmersos en la puerta de su final, en septiembre, un mes de nostalgia y de ligeras tristezas.

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Un año más, Vacaciones en paz

Se dice que la solidaridad es la ternura de los pueblos y, en este caso, es así sin ningún lugar a dudas. Las madres, los padres, los hermanos, las hermanas, las familias integran a los niños y niñas en su entorno en condiciones de normalidad y se ocupan fundamentalmente de sus revisiones médicas, atendiendo a sus posibles problemas de salud y, sobre todo, a facilitarles una alimentación adecuada que compense la insuficiente dieta a que están acostumbrados. Un tercio de los niños y niñas que vive en los campamentos sufre desnutrición crónica, según estimaciones del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Un año más cientos de niños y niñas saharauis llegan a Andalucía y a otros lugares de España para ser acogidos durante dos meses por otras tantas familias que, de este modo, logran rescatarlos de las duras condiciones de vida que soportan en los campos de refugiados del desierto argelino en la provincia de Tinduf.

Son sus vacaciones en paz. Un proyecto humanitario puesto en marcha por las Asociaciones de amistad con el pueblo saharaui en colaboración con la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) que pretendía, inicialmente, alejarlos del conflicto armado que mantuvieron hasta 1991 con Marruecos, que invadió y ocupó el Sahara Occidental en 1975.

Un año más, Vaciones en pazHoy, cuarenta años después, se trata, sobre todo, de acogerles durante el verano para que puedan disfrutar aunque sea provisionalmente de unas condiciones de vida mínimamente dignas. De esto se ocupan aquí, en Motril y en su comarca, las más de cincuenta familias que durante los últimos años procuran hacer felices a estos niños y niñas.

Después de 24 horas de viaje, primero en camiones por el desierto hasta Tinduf, luego  en avión desde Argelia a Málaga para llegar en autobuses hasta Granada y, nuevamente, en buses arribar a su lugar de destino en Motril, Salobreña, Molvízar, Torrenueva, Carchuna y Calahonda.

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