Archivo de la categoría: Poesía

Buena suerte

Felipe Benítez Reyes

La estricta observanta. FBR. Interrogante editorial

La enfermedad y la muerte

respetaron el tiempo de tu juventud.

Esa fue tu fortuna.

Los años enrarecen, no obstante,

las fortunas abstractas:

un hombre envejecido

viene a ser un intruso en los espejos.

También ante sí mismo:

el extraño llegado de repente.

Ganaste cuanto te tocará perder:

la nada irá exigiendo su equilibrio.

Que cada cual se entienda como pueda

con su ilusión de tiempo.

Que cada cual sea dueño de su fase de fuga.

Buena suerte.

[Felipe Benítez Reyes, Desde la nueva era. En las Identidades, 2013, Visor Libros.]

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19 julio 2013 · 7:45

Los días venideros

[Un asunto personal]

Durante siete días he sido un habitante más del Hospital Básico General de Motril; aproximadamente 180 horas de estancia hospitalaria, casi todas ellas en la habitación 523 en la que me he ido recuperado, poco a poco, de un ‘fallo de sistema’.

No puedo decir que el tiempo haya pasado lentamente, ni que los días se me hayan hecho cuesta arriba: la urgencia por recuperarme, la rutina hospitalaria, la mejor compañía siempre a mi lado (tú) y el reguero del cariño constante de amigos y personas cercanas me han llevado de la mano hasta este #Día8 en el que he vuelto a casa.

Como digo, he ido mejorando poco a poco, haciendo las trampas adecuadas; al menos eso creo: mirando sólo a lo inmediato, a lo más próximo y cercano; posponiendo pesares y compromisos pendientes, aplazando deberes y renunciando a pensamientos trascendentes.

enfermedad

Durante estos #7 días he podido leer tranquilamente, rescatando antiguas sensaciones de lecturas de infancia y adolescencia, cuando la enfermedad tenía el aliciente de abrir un espacio inesperado a la lectura reposada, lenta y sin urgencias aunque, en ocasiones, febril. Cuando nos permitía disfrutar con delectación de historias complejas y adictivas, de contenido denso casi siempre, y detenernos en lenguajes prodigiosos creyéndonos pioneros mientras se afianzaba la creencia de que la única amante fiel en nuestra vida sería, siempre, la literatura.

La lectura tranquila y placentera se ha extendido, también, a las pantallas, picoteando con otro sentido, dejándome llevar por el lenguaje hipertextual, y seducir por el placer de la navegación a veces errática, sin condiciones y, sobre todo, sin el síndrome ansioso de las actualizaciones de Google Reader. ¡Ay!.
De este modo encontré una entrada conmovedora de Jordi Guillumet en Facebook, con motivo de la desaparición de Pere Formiguera, fotógrafo, creador, artista que me llegó a través de  Judith Gallimó .

El recuerdo se ilustraba, con inteligencia,  acierto y  sensibilidad, con un poema de Salvat Papasseit que resultó como una señal que vino a conformar mi actitud durante esos días de enfermedad. Y quizás (ojalá) de todos los siguientes.

En una traducción al castellano, torpe y sin pretensiones, reproduzco alguno de sus pasajes:

LA AÑORANZA DE MAÑANA

Ahora que estoy en la cama
enfermo,
estoy bastante contento.
– Mañana me levantaré quizás,
y esto es lo que me espera:

Unas plazas relucientes de luz,
y maceteros repletos de flores

bajo el sol,
bajo la luna al anochecer;
y la chica que lleva la leche
despreocupada,
con su delantal
bordado con encaje de bolillos,
y su risa fresca.
…/..

Y el cartero,
que si pasa y no me deja carta me angustia
porque no sé el secreto
de las otras que lleva.
…/..

Y las mujeres del barrio,
madrugadoras,
que van deprisa al mercado
con sus cestos amarillos,
en los que a su vuelta
sobresalen las coles,
y en ocasiones la carne,
y a veces cerezas rojas.
../…

Y toda la chiquillería del vecindario
ruidosa porque será jueves,
y no irán a la escuela.
…/..

Y el vino, que hace tantos días que no bebo
…/..

Y vosotros amigos,
porque me vendréis a ver
y nos miraremos felices.

Todo esto me espera,
si me levanto,
mañana.

Si no pudiera levantarme,
nunca más,
esto es lo que me espera:

– Vosotros quedaréis,
para ver lo bueno que es todo:
y la Vida
y la Muerte.

#Dia 8

Ahora ya en casa, me despierta el alba para que oiga amanecer: el rumor del mar en la playa cercana, el zureo de las palomas, la algarabía de los jilgueros, el silencio de las ranas en las charcas repletas; los sonidos discretos del trasiego en este lugar casi apartado.

El mar, la mar

Ahora ya es mañana y me enredo en su añoranza y sus perfiles, dejando de lado hábitos fútiles y orillando innecesarios estados de ansiedad. Dispuesto a transitar por la bondad de los días venideros.

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La vida a veces

Carlos del Amor es un periodista singular que escapa a todos los perfiles, un enviado especial a la vuelta de la esquina, según él mismo dice. Me gusta. Siempre me han gustado sus piezas breves, inteligentes y originales, como islas imaginadas en medio de los tonos grises de las noticias del Telediario. Le reconozco, sobre todo, su capacidad para extraer de un gesto, de un color, de una actitud, de una mirada, una noticia, una crónica diminuta sobre un personaje, un evento cultural o un acto cotidiano.

En estos días, Carlos del Amor anda promocionando su primer libro, La vida a veces, un libro de relatos, de historias singulares, que presentó hace algunas mañanas  en el programa de Pepa Bueno y Gemma Nierga, en la SER. El libro toma el título y comienza con ese poema de Gil de Biedma que, a pesar de su grandeza, yo no tenía en el recuerdo.

Como lector de pequeñas dosis de poesía, admiro los poemas de Gil de Biedma y vuelvo a su lectura recurrentemente, como sólo se hace con aquellos textos que, sean poemas o relatos, tienen la hondura precisa para hacerlos atemporales.

El poema, leído por la voz acariciadora de Carlos del Amor, atenúa el sentido de unos versos demoledores.

La vida, a veces

“La vida a veces”

La vida a veces es tan breve
y tan completa que un minuto
– cuando me dejo y tú te dejas –
va más aprisa y dura mucho.

La vida a veces es más rica.
Y nos convida a los dos juntos
a su palacio, entre semana,
o los domingos a dar tumbos.

La vida entonces, ya se cuenta
por unidades de amor tuyo,
tan diminutas que se olvidan
en lo feliz, en lo confuso.

La vida a veces es muy poco
y tan intensa -si es tu gusto-
Hasta el dolor que tú me haces
da otro sentido a ser del mundo.

La vida; luego, ya es nosotros
hasta el extremo más inmundo.

Porque quererse es un castigo
y es un abismo vivir juntos.

Jaime Gil de Biedma

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Dulce amante olvidada

Racimo

Racimo. Isabel Cáceres

Como el azahar invades

el espacio que ocupa

la intersección de tu ausencia.

En cada primavera vuelves

el aliento otoñal,

la risa alborotada y carnal.

Como la vid y el trigo acudes

al esplendor vagabundo que cosecho.

Como el olivo y la encina enraízas

ámbar y arena que cultivan

el latido de mi abrazo venidero.

En cada nuevo beso estás.

En su pecho floreces.

En sus labios brotas.

En su ausencia emerges.

En el aroma de su vientre encuentro
tu identidad primera.

Y vuelves.
Dulce amante olvidada

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Otro tiempo tiene otras vidas que vivir

Barca azul en el Cabo de Gata

Azul de @isbelcc

Somos fugitivos que vivimos en el hoy diciendo que ahora no. Pero, a veces, en la huida encontramos la bandera oportuna en el sitio oportuno y podemos entonces creer o amar una mentira: merece la pena porque otro tiempo tiene otras vidas que vivir.

W.H. Auden

OTRO TIEMPO

NOSOTROS, como otros fugitivos,
las flores incontables, que no saben contar,
y las bestias, que no necesitan memoria,
vivimos en el hoy.

Hay tantos que nos dicen que Ahora No,
tantos que han olvidado la manera
de decir Soy, y que procurarían
perderse, si pudieran, en la historia.

Saludando, pongamos, con tal estilo antiguo
la bandera oportuna en el sitio oportuno;
subiendo a duras penas con murmurar de viejo
la escalera del Mío o Nuestro y Suyo.

Como si el tiempo fuese lo que ellos desearon
cuando aún se les daba en posesión.
Como si equivocados estuvieran
al haber desistido de ser parte.

No es raro, así, que tantos se mueran de tristeza,
que estén tan solitarios cuando mueren;
ni uno sólo ha creído o amado una mentira.
Pero otro tiempo tiene otras vidas que vivir.

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Afanes, propósitos

Y no hay afán inútil
para el único afán de ser felices

Decorum

¿Y si el vivir no fuera tan distinto
a una pared desnuda,
a una madera ajada,
a aquel objeto al que otorgar su espacio?

¿Y si no fuese más que esta tarea
de encontrarnos decoro,
dignidad a un destino,
un poco de belleza en que ampararnos,
bajo un techo con paz que nos acoja?

¿Y si el pensar no fuera diferente
a este limpio trabajo de concierto
entra las meras cosas y el espíritu,
a este deber menor de hallar un ámbito
propicio al corazón, entre las cosas?

Con simpatía por lo desvestido,
con el apego pulcro hacia lo pulcro,
la vida mueble se nos rinde amiga.

Lo delicado todo
nos honra y nos regala
Lo bello verdadero
es nuestro bienestar y nos conforta

Cuando nos remontamos hasta el vértice,
cualquier ocupación llega a su música.

Y no hay afán inútil
para el único afán de ser felices

Carlos Marzal, Fuera de mi (2006)

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Las tardes impares

Melancolia E. Munch

Melancolía, Edvard Munch

A Isabel,
que persigue el amanecer en cada tarde

La tarde por delante
como un destino oscuro.

De qué modo desprender
la intimidad pegajosa de la soledad,
su compañía estéril
amontonando vacíos, pensamientos
huecos, antiguas tristezas.
Cómo esquivar el trance
del olvido y conjurar
la permanencia de lo efímero.

Quizá, si estuvieras tú
fuera capaz de imaginar
otros contornos, quebrar
esta estructura aciaga, declinar
los signos de otras voces.

Si estuvieras,
quizás fuera posible formular
la levedad austera,
ahuyentar el desamparo, converger
en el centro de tu abrazo.
Huesped de ti, seguidor
de los destellos que iluminen la penumbra
gris de las tardes impares

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