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La Conjura de los Medios

Estamos inmersos, una vez más, en una nueva campaña electoral y asistimos, por lo tanto, a uno de los espectáculos más deplorables de la política entendida como un mero mercadeo en el que todo vale –incluso la indecencia– por un puñado de votos. En este escenario, los medios de comunicación tienen un papel determinante. Son los responsables de organizar el espectáculo como si de un festival se tratase: nuevos formatos televisivos, debates telemáticos, entrevistas íntimas… Pero no todos los candidatos son los elegidos. Los medios deciden y proponen a quiénes hay que votar y, sobre todo, a quiénes no. Esta circunstancia no es nueva, pero en esta campaña mediática resulta especialmente llamativa la exclusión que, sobre todo, los grandes medios de comunicación han decidido sobre el candidato de Unidad Popular–Izquierda Unida, Alberto Garzón.

rajoy-bertin-mejillonesLos medios de comunicación son empresas informativas, empresas privadas. Cada vez más empresas y, desafortunadamente, menos informativas. Su finalidad, como la de cualquier otro negocio, es la obtención de beneficios y su maximización. Hasta no hace demasiado tiempo esa lógica empresarial tenía un importante matiz: los medios además, por definición, debían cumplir una función social: la de informar. Ya no es así. La profesión periodística ha sido arrasada en aras del negocio. Al fin y al cabo, los medios son uno de los pilares centrales de la preservación del sistema.

En esta ocasión, al margen de sus preferencias partidistas, los medios han decidido que las opciones políticas que deben presentarse a los ciudadanos para su consideración son cuatro, ni una más ni una menos. Son las adecuadas para la banalización de la política y poder mostrar el perfil más amable y anecdótico de los líderes de esas formaciones. Contribuyen, por ejemplo, a humanizar al candidato Rajoy; a mostrar el encanto del candidato Sánchez, el dinamismo de Rivera o la presunta insolencia de Iglesias, pretendiendo fijar en nuestras mentes poco más que eslóganes y promesas.

De propuestas concretas y programas, nada. Así se decide que nos fijemos en los candidatos, en sus aficiones y en sus gustos y, sin embargo, ignoremos sus realizaciones, lo que ya han hecho en su acción de gobierno. Se oculta o se da por amortizado, por lo tanto, que, por ejemplo, el candidato al que se contribuye a humanizar representa a un partido roído por la corrupción que, con sus políticas, ha sumido en la miseria a millones de españoles, dejándolos sin casa, sin trabajo, sin derechos y sin ayudas. Que el partido de Sánchez vive inmerso en sus propias contradicciones, después de reformar de forma vergonzante la Constitución para seguir siendo legítimos ocupantes de cargos y representación en las más altas instituciones del Estado. Que Iglesias se ha perdido definitivamente de tanto buscar la centralidad del tablero político y que del proyecto inicial e ilusionante de Podemos queda poco más que la coleta. Que Rivera, por fin, es una operación de marketing político del liberalismo económico para facilitar el gobierno de unos o de otros, lo mismo da.

De Alberto Garzón sabemos poco de su esfera privada. Si acaso que es una persona joven y preparada. Un candidato interesante. Uno de los mejor valorados por los ciudadanos, en la calle, por la gente de a pié. Sin embargo, sí que sabemos que viene de lejos y que reclama una nueva constitución, un proceso constituyente desde abajo protagonizado por la ciudadanía, fruto del consenso ciudadano y no de las élites. Quizás por eso no sea de extrañar el ostracismo al que le condenan las grandes corporaciones mediáticas. Es el precio por ser de izquierdas. Es el castigo por querer un nuevo país en el que el poder no siga estando en las mismas manos, en las de los siempre poderosos.

Aquí abajo, en Granada, el candidato del PP es el paradigma de la derecha tradicional y rancia de Andalucía, la que representa a la oligarquía, a los señoritos y sus familias, a los que siempre han mandado. En contraposición, el candidato de Unidad Popular–Izquierda Unida, Diego Castillo es una persona sencilla, uno de los más de cuatro millones de parados que las políticas de su partido ha dejado en los alrededores de la miseria, en los umbrales de la pobreza. Pero de esto no se hablará, los medios no se ocuparán de ello. No les interesa.

Por eso, el 20 D puede ser el día de los valientes. Una buena ocasión para desbaratar la conjura de los necios.

No la dejen pasar.

[Ver el artículo en Motril@Digital]

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Algunas consecuencias de la JMJ2011

El mismo día que Benedicto XVI concluía su visita pastoral a Madrid con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, Arturo Fernández presidente de CEIM, de la Cámara de Comercio y vicepresidente de la CEOE, además de presidente del grupo empresarial Arturo Cantoblanco, a la sazón uno de los principales patrocinadores de la JMJ, adelantaba que los hoteles, el transporte y los comercios madrileños habrían obtenido unos 160 millones de euros de beneficios como consecuencia de su celebración. Además, este patrón de patrones madrileños ha señalado  que puede hablarse de la creación de más de 3.000 empleos directos y de, al menos, 7.000 indirectos.

Botín y RatoYa lo comentamos, era previsible que aún antes de la finalización de la fiesta del orgullo católico se presentaran con grandes titulares todo tipo de consecuencias positivas para la economía y para la sociedad española. En efecto, así está siendo.

Conviene recordar que, además de muchas de las principales empresas españolas, entre los patrocinadores de la JMJ figuran también algunos de los principales medios de comunicación escritos y audiovisuales de nuestro país, que se vienen dedicando a esta tarea desde hace algún tiempo. La estrategia de la manipulación no es nueva.

La organización de la JMJ ha tenido un importante componente comercial. Por eso y por toda la controversia de su financiación, los organizadores, los patrocinadores y los representantes de los empresarios madrileños (que, al fin y al cabo, son los mismos) se están apresurando con una inusual celeridad a hacer valoraciones en estos términos, destacando los resultados comerciales positivos que se han obtenido: cifras de negocio, creación de empleo, notoriedad de la marca España… Aunque parece que tardará algo más, esperamos también la presentación de los datos de retorno de la inversión de los patrocinadores.

Además de ese carácter comercial, la JMJ también ha respondido a planteamientos confesionales y políticos y cabe, por lo tanto, valorar sus efectos y resultados en estos ámbitos.

La iglesia católica ha demostrado su importante capacidad de influencia y de presión para contar con las facilidades necesarias para organizar un evento de estas características y movilizar a cientos de miles de sus fieles en torno a un mensaje de reafirmación y pertenencia que tiene como objetivo maquillar los graves problemas de imagen, de prestigio social y de vocaciones que la vienen acechando. La JMJ ha sido en este sentido una huida hacia delante, una llamada a la acción de los católicos para contener una situación cada vez más complicada.

En el terreno político, la JMJ y su parafernalia han puesto de manifiesto la indeleble alianza entre los poderosos y la iglesia católica. El poder financiero se ha puesto a disposición de la financiación del evento con fervor y entusiasmo inusitado. Por su parte, las altas instituciones del Estado y el gobierno han rebasado los requerimientos protocolarios de un estado aconfesional para manifestar su sumisión a la jerarquía católica. De algún modo, este evento ha sido la puesta en escena para el gobierno de las medidas que en los últimos años ha venido adoptando a favor de la iglesia católica: desde el incremento de su financiación vía presupuestos del Estado hasta la paralización de la tramitación de la Ley de libertad religiosa.

Por último, también pueden esperarse consecuencias en el ámbito social a corto y medio plazo.

Benedicto XVI ha advertido a los jóvenes católicos de que no es suficiente con ser creyentes, tienen que ser practicantes para fortalecer la institución de la iglesia. Y casarse y formar familias cristianas que acepten la voluntad divina, antes que rebelarse ante la injusticia y la desigualdad. Se reafirma de este modo que continuará sin ser necesaria ningún tipo de movilización para reclamar el apoyo electoral para las opciones políticas conservadoras y reaccionarias.

El discurso cínico de la iglesia presentándose como víctima de una persecución encabezada por la sociedad civil y el desprecio y la desconsideración intolerante hacia los valores que no sean los de la fe católica agrandan la brecha social entre católicos y laicos, entre quienes creen en la convivencia democrática y entre quienes pretenden la imposición de su manera de entender el mundo y la vida.

No se pierdan durante estos días las sabrosas informaciones que nos harán ver con claridad las diferencias entre unos y otros. Sabían que un gay genera en la fiesta del orgullo 15 veces más basura que un peregrino de la JMJ? Seguro que tampoco se esperaban que los beneficios de la JMJ compensarán las pérdidas ocasionadas por el 15M; pues así es, según la Comunidad de Madrid.

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