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La Conjura de los Medios

Estamos inmersos, una vez más, en una nueva campaña electoral y asistimos, por lo tanto, a uno de los espectáculos más deplorables de la política entendida como un mero mercadeo en el que todo vale –incluso la indecencia– por un puñado de votos. En este escenario, los medios de comunicación tienen un papel determinante. Son los responsables de organizar el espectáculo como si de un festival se tratase: nuevos formatos televisivos, debates telemáticos, entrevistas íntimas… Pero no todos los candidatos son los elegidos. Los medios deciden y proponen a quiénes hay que votar y, sobre todo, a quiénes no. Esta circunstancia no es nueva, pero en esta campaña mediática resulta especialmente llamativa la exclusión que, sobre todo, los grandes medios de comunicación han decidido sobre el candidato de Unidad Popular–Izquierda Unida, Alberto Garzón.

rajoy-bertin-mejillonesLos medios de comunicación son empresas informativas, empresas privadas. Cada vez más empresas y, desafortunadamente, menos informativas. Su finalidad, como la de cualquier otro negocio, es la obtención de beneficios y su maximización. Hasta no hace demasiado tiempo esa lógica empresarial tenía un importante matiz: los medios además, por definición, debían cumplir una función social: la de informar. Ya no es así. La profesión periodística ha sido arrasada en aras del negocio. Al fin y al cabo, los medios son uno de los pilares centrales de la preservación del sistema.

En esta ocasión, al margen de sus preferencias partidistas, los medios han decidido que las opciones políticas que deben presentarse a los ciudadanos para su consideración son cuatro, ni una más ni una menos. Son las adecuadas para la banalización de la política y poder mostrar el perfil más amable y anecdótico de los líderes de esas formaciones. Contribuyen, por ejemplo, a humanizar al candidato Rajoy; a mostrar el encanto del candidato Sánchez, el dinamismo de Rivera o la presunta insolencia de Iglesias, pretendiendo fijar en nuestras mentes poco más que eslóganes y promesas.

De propuestas concretas y programas, nada. Así se decide que nos fijemos en los candidatos, en sus aficiones y en sus gustos y, sin embargo, ignoremos sus realizaciones, lo que ya han hecho en su acción de gobierno. Se oculta o se da por amortizado, por lo tanto, que, por ejemplo, el candidato al que se contribuye a humanizar representa a un partido roído por la corrupción que, con sus políticas, ha sumido en la miseria a millones de españoles, dejándolos sin casa, sin trabajo, sin derechos y sin ayudas. Que el partido de Sánchez vive inmerso en sus propias contradicciones, después de reformar de forma vergonzante la Constitución para seguir siendo legítimos ocupantes de cargos y representación en las más altas instituciones del Estado. Que Iglesias se ha perdido definitivamente de tanto buscar la centralidad del tablero político y que del proyecto inicial e ilusionante de Podemos queda poco más que la coleta. Que Rivera, por fin, es una operación de marketing político del liberalismo económico para facilitar el gobierno de unos o de otros, lo mismo da.

De Alberto Garzón sabemos poco de su esfera privada. Si acaso que es una persona joven y preparada. Un candidato interesante. Uno de los mejor valorados por los ciudadanos, en la calle, por la gente de a pié. Sin embargo, sí que sabemos que viene de lejos y que reclama una nueva constitución, un proceso constituyente desde abajo protagonizado por la ciudadanía, fruto del consenso ciudadano y no de las élites. Quizás por eso no sea de extrañar el ostracismo al que le condenan las grandes corporaciones mediáticas. Es el precio por ser de izquierdas. Es el castigo por querer un nuevo país en el que el poder no siga estando en las mismas manos, en las de los siempre poderosos.

Aquí abajo, en Granada, el candidato del PP es el paradigma de la derecha tradicional y rancia de Andalucía, la que representa a la oligarquía, a los señoritos y sus familias, a los que siempre han mandado. En contraposición, el candidato de Unidad Popular–Izquierda Unida, Diego Castillo es una persona sencilla, uno de los más de cuatro millones de parados que las políticas de su partido ha dejado en los alrededores de la miseria, en los umbrales de la pobreza. Pero de esto no se hablará, los medios no se ocuparán de ello. No les interesa.

Por eso, el 20 D puede ser el día de los valientes. Una buena ocasión para desbaratar la conjura de los necios.

No la dejen pasar.

[Ver el artículo en Motril@Digital]

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Yo no soy racista, pero…

En los últimos dos años se ha disparado el número de refugiados y desplazados en el mundo y han empezado a llegar a Europa, donde se esperan 900 mil en 2015. Se trata de la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial.

Ha sido necesario que las imágenes del horror entraran en nuestras casas para que se tomara conciencia de una realidad que no ha dejado de estar presente en la construcción de nuestro mundo: las guerras siempre han causado estragos y, lamentablemente, no hay perspectiva de que acaben a corto plazo.

Pero, hasta ahora, el problema era de otros, estaba en países lejanos. Sin embargo, en los últimos años el Mediterráneo se ha convertido en una tumba para miles de refugiados que intentan acercarse y compartir nuestra libertad.

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En nuestro país, en nuestra ciudad, como en la mayoría de países y en muchas ciudades europeas, se están produciendo movimientos de solidaridad, aunque también existen actitudes xenófobas que se oponen a la acogida de refugiados. Se trata de una solidaridad emocionante, pero también de un egoísmo indignante quizás alimentado por el miedo al otro, por la desconfianza y, también, por la mezquindad con la que los gobernantes y poderosos imponen sus criterios y su modelo de vida deshumanizado.

De este modo, no resulta infrecuente asistir a conversaciones sobre el asunto en las que alguno de los interlocutores manifiesta su opinión con la introducción “Yo no soy racista, pero…” seguida de argumentos y razones que de haberse impuesto a lo largo de nuestra reciente historia habrían impedido desvelar la vergüenza del Holocausto o la derrota de los fascismos para procurar un futuro de paz y prosperidad en las sociedades europeas.

Un egoísmo que es fruto de la simplificación, de la ausencia de perspectivas vitales o de sentimientos primarios de supervivencia que reclaman que lo primero, lo único, son los nuestros, lo nuestro.

No es extraño, tampoco, cuando los gobiernos que han desmantelado el estado del bienestar y que han condenado a millones de personas a la pobreza extrema han destinado la mayoría de sus fondos a convertir Europa en una fortaleza. O cuando se habla de cuotas, como si detrás de las cifras no hubiera vidas humanas, personas con nombre y apellidos –la mitad de los refugiados son menores de 18 años y de éstos la mayor parte de ellos, niños–. Y desde luego, cuando se extiende la sospecha de que entre ellos se colarán fanáticos religiosos y terroristas. Una estrategia que pretende confundir a la población para que acepte que la acogida de refugiados se trata de un gesto de caridad y no de garantizar uno de los derechos humanos, el del asilo.

Sin embargo, afortunadamente, una vez más la iniciativa civil está empujando a los gobiernos e instituciones para que pongan los medios necesarios para salvar vidas de una forma eficiente y humana. De esta manera, muchas ciudades están poniendo a disposición de los refugiados espacio y servicios y lo que es más importante: la voluntad ciudadana para asegurar pan, techo y dignidad para los que huyen de la guerra y del hambre, entendiendo que la interminable huida del ser humano nos ha convertido en lo que somos.

La generosidad y la solidaridad es lo que más grandes hace a los pueblos porque contribuyen a conformar la verdadera identidad de un país que permanecerá a lo largo del tiempo. Mucho más que las campañas de imagen como la fallida acerca de la “Marca España” debido a su impostura.

La gente, mucha gente, está dispuesta a ayudar con dinero, con comida, con ropa, ofreciendo alojamiento o de cualquier otra manera. El estado debe hacer lo que le corresponde, pero ¿Y tú, aparte de hablar y opinar, qué haces?

[Ver el artículo en Motril@Digital]

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No tengo dinero, pero tengo amor

Nuestros gobernantes se empeñan en consolidar el discurso del crecimiento económico actual y de sus previsiones futuras, halagüeñas, según ellos. Somos líderes en crecimiento, campeones de la recuperación, un ejemplo de cómo se sale de la crisis para toda Europa. La crisis ya es historia, sentencian sin pudor.

Sin embargo algo falla: según un reciente informe de la Organización Internacional de Trabajo (OIT), España es el país desarrollado en que más sube la desigualdad. La realidad no cuadra.

Una de las principales causas es el aumento del desempleo en las rentas más bajas, aunque tampoco haya que perder de vista que, según señala este informe, los españoles y españolas han visto cómo sus salarios se han reducido aproximadamente un 6% desde 2009. –Curiosamente, desde 2007 la productividad en España no ha dejado de incrementarse (al rededor de un 8% acumulado)–.

El aumento del desempleo en los últimos cinco años ha resultado imparable, alcanzándose cotas indecentes.  A pesar de ello, el gobierno y sus adalides, entre ellos, muchos medios de comunicación celebran, por ejemplo, que la tasa de paro en España baja por primera vez desde 2011 del 24% (EPA 3T). Es un buen dato, se nos dice, porque en un trimestre el número de parados disminuyó en 195.200 personas y, así las cosas, la cifra total de desempleados en España está en 5,428 millones de personas. Por lo tanto, estamos en la buena dirección, nos cuentan, y las reformas estructurales emprendidas están dando sus frutos. Ya ven.

Cerca de siete millones de personas, el 16,6% de los hogares, están en riesgo de pobreza energética en España, según la segunda edición del Informe elaborado por la Asociación de Ciencias Ambientales, hecha pública en marzo de 2014. Esta es otra causa del desempleo, la pobreza energética, que impide a las familias pagar las facturas de suministros básicos, como agua, luz y gas. Condenados a volver a sus casas cada día para aspirar el sentimiento de la derrota más profunda en todos sus rincones.

En junio de 2013 el gobierno de España en respuesta a una pregunta parlamentaria de Cayo Lara, coordinador federal de Izquierda Unida, sobre el número de desahucios desde 2006 y, con datos del Consejo General del Poder Judicial, manifestó que se produjeron las siguientes ejecuciones hipotecarias: 2006 (16.097), 2007 (17.412), 2008 (20.549), 2009 (37.677), 2010 (54.250), 2011 (64.770), 2012 (75.375). Según el Banco de España los desahucios subieron en 2013 en relación a 2012. En los 6 primeros meses de 2013 hubo 19.567 desahucios, lo que arrojaba una media diaria de 216 desahucios diarios.

El Salario Mínimo Interprofesional en España es de 645,30 euros mensuales, repartido en 14 pagas. En Francia es de 1.425 euros, en Gran Bretaña, 1.244, en Bélgica, 1.472. En Grecia, 683 euros. Por debajo de España se sitúa Portugal, con 565 euros. En todos los casos repartidos en doce pagas. La crisis ha hecho crecer el número de trabajadores que cobran el salario mínimo y ha disparado las contrataciones a tiempo parcial con retribuciones por debajo de esta cifra. Algunos estudios estiman que en España tres de cada diez contribuyentes a Hacienda no alcanzan siquiera estos 645 euros.

Todos los anteriores son datos reales de fuentes fiables, informaciones veraces y contrastadas. A pesar de ello, sin embargo, hay personas que creen que la situación descrita no es real, sino que se trata de visiones catastrofistas de los sospechosos habituales. Son los que han comprado sin dificultad el discurso complaciente de los los gobernantes (la mayoría silenciosa), cuando no  su desprecio: resulta que la vicepresidenta del gobierno no se queja de su salario (75,744 euros brutos anuales); además, trabaja tanto que no tiene tiempo para gastar lo que gana; o directamente el insulto y la desvegüenza: el problema de los niños y niñas de la comunidad de Madrid es la obesidad, no la malnutrición, escupe en el parlamento regional ese personaje turbio que es Ignacio González.

Se trata, ahora a las puertas del año electoral, de cambiar la percepción de los otros ciudadanos, de la minoría silenciada y si no, de mirar hacia otro lado.

Como Sacha Nairobi: que no tiene dinero, pero tiene amor.

Mientras que las calles se visten de iluminación navideña, los parados, los pobres, los más desfavorecidos, van del comedor social a sus asuntos; del banco de alimentos a la cola del paro, de la puerta del colegio de los niños a casa de los suegros. De la tristeza al desaliento, cuando no a la desesperación. Y así van viviendo. Y así, tratarán de convencernos,  tendrán que vivir. Así tendrán que morir.

Aceptar ese discurso de los poderosos sería convertir el crecimiento económico en un oximoron, una contradicción en sí misma. Música celestial, en fin. Una mezquindad que, ahora sí, nos acercaría definitivamente a nuestros gobernantes.

Y yo, no quiero.

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Formación para qué

En estos días se vuelve a hablar de formación, pero no de los procesos de aprendizaje y su importancia para las personas y para las empresas. No de las oportunidades que el entorno digital y social ofrecen para adecuar esos procesos a las necesidades reales de unos y de otras. No.
Se habla de los escándalos de la formación. De la mala utilización de los cuantiosos recursos públicos destinados a la formación para el empleo, cuando no del desfalco y de la estafa aprovechando los dispositivos de un sistema arcaico y alejado de la realidad.

No es nuevo. El recorrido del sistema de formación profesional para el empleo en España está jalonado de escándalos, casos, controversias, ataques y defensas, propuestas para su modificación, peleas por el control de los fondos, sentencias de los tribunales en diversos sentidos; declaraciones grandilocuentes e impostadas. Muchas sombras. Y también algunas luces… En cierto modo, toda esta situación no es más que un dejavu que se viene produciendo desde hace más de veinte años.

Las reacciones suelen ser idénticas: titulares, programas de radio, conocimiento de casos llamativos, escándalo, denuncias, defensas numantinas, promesas de reformar el sistema…, Pero nada. Como en tantos otros asuntos, el desistimiento y la conformidad lo dejan todo como estaba. Y hasta la próxima.

A los actores institucionales parece que este sistema no les ha ido mal. Desde 1992 todos los gobiernos, uno y otro signo, han bendecido los acuerdos entre patronal y sindicatos para gobernar un modelo complejo de ayudas y subvenciones que han hecho de la formación una rutina administrativa, de catálogos de cursos de dudosa utilidad en muchos casos que, además, requiere de complejas y abultadas estructuras para su gestión.

Sin embargo, en los dos últimos años las dificultades para mantener este sistema están siendo mayores. El gobierno, a pesar de los anuncios, finallmente ha pasado de puntillas por el aparato de gestión, pero ha apuntado donde más duele: reduciendo los recursos destinados para la formación, modificando la distribución de los fondos y consolidando un sistema de reparto que asegura unos mínimos de gestión para los administradores del sistema (patronal y sindicatos).

La reducción de los recursos que gestionan los agentes sociales ha tenido efectos colaterales: deja fuera, en la mayor parte de los casos, a  empresas y centros de formación que, ante la imposibilidad de acceso al sistema, habían acomodado sus estructuras para subcontratar la formación que aquéllos no podían atender directamente, estableciendo una relación de dependencia arriesgada y casi siempre cautiva. Y en algunos casos, dando lugar a entramados empresariales ficticios para captar las subvenciones.

El sector de la formación, que creció y se consolidó a los pechos del sistema ahora, de este modo, se ve vapuleado con la consecuencia de que muchas empresas, centros de formación y  consultoras están siendo condenadas a su desaparición y a una ruina que paradójicamente contribuye a la destrucción de empleo.

edificio Fundación Tripartita

Las estructuras de formación de patronal y sindicatos tampoco están siendo ajenas a estas circunstancias, aligerándose y adelgazando a través de Eres y otras medidas amparadas por la  denostada reforma laboral. Sin embargo, la estructura administrativa del Estado mantiene intacta la Fundación Tripartita como instrumento de referencia. Una organización monolítica dotada de importantes recursos humanos al servicio del SEPE (Servicio Público de Empleo), el amo del calabozo de la distribución de los recursos económicos a organizaciones empresariales y sindicales y a comunidades autónomas.

Mientras tanto, los certificados de profesionalidad –la esperanza blanca del sistema, el elemento que por fin daría valor a esta formación, su seña de identidad– van regulándose lentamente e implantándose con parsimonia, debido a sus rígidos requisitos y especificaciones y a la necesidad de realizar importantes inversiones para su adaptación y desarrollo por parte de las empresas y centros de formación.

Formación para aprovechar las oportunidades

A la vista de lo anterior, convendría responder a la pregunta  que encabeza esta entrada. Formación, para qué. Y coincidir en una respuesta unívoca, clara y sin matices, alejada de los discursos retóricos y que no implique justificar la necesidad de la formación para las personas y las empresas (porque es evidente).

Las respuestas no deberían ser complejas: formación para aprender, para contribuir, para compartir, para innovar, para progresar, para hacer las cosas mejor. Formación para aprovechar las oportunidades.

Si las respuestas no van en esa dirección, será mayor, incluso inevitable, el riesgo de que los recursos públicos para formación (que aportan empresas y trabajadores) se diluyan y se esfumen, liquidándose otro de los derechos ganados en los últimos tiempos para procurar vivir y trabajar en mejores condiciones.

El aviso a navegantes lo ha dado, como en tantas otras cosas, la avanzadilla del gobierno de la Comunidad de Madrid con la decisión de su turbio presidente de suspender las ayudas a la formación en ese territorio ante su incapacidad para controlar el destino y el buen fin en el uso de esos fondos — o por amparar esa utilización espuria–.

Atentos.

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Indecencia

Se acabó el Tour, se va agotando el efecto ‘las cervezas son para el verano‘ que anticipa e idealiza nuestras posibilidades de disfrute vacacional y en éstas, el presidente del Gobierno de España considera oportuno comparecer en sede parlamentaria el primer día de agosto para explicar diversas cuestiones de interés, entre otras las referidas a la ‘falsa alarma social’ que los dirigentes de su partido entienden que se está intentando provocar con el presunto ‘Caso Bárcenas’.

La noche anterior me acosté con la palabra en la cabeza; es que me lo temía. Y cuando me levanté, efectivamente, estaba ahí: indecencia.

indecencia

1. impureza, inmoralidad, deshonestidad, desvergüenza, obscenidad, procacidad, grosería, porquería. | Antónimos: moralidad 

2. canallada, cerdada, guarrada, cochinada, jugada, putada. | Antónimos: delicadeza

Diccionario de sinónimos y antónimos © 2005 Espasa-Calpe

La decisión de comparecer ‘a iniciativa propia’ ya anunciaba la desvergüenza de las intenciones del presidente y de su grupo parlamentario, pretendiendo obviar una situación que escandaliza a cualquier ciudadano mínimamente razonable de aquí, y a cualquiera — aunque tenga una capacidad de discernimiento limitada– de cualquier país europeo, americano o africano.

Una respuesta indecente

Las intervenciones del presidente, tanto la inicial como las que correspondieron a sus réplicas, fueron un ejemplo de inmoralidad: declaró que se había equivocado, esperando la absolución de los ciudadanos después de ese acto de reconocimiento y supuesta contrición, como si se confesara con su cura párroco. Me equivoqué, ya está. Y qué?. [Ventajas de ser católico practicante].

#findelacita Rajoy

En el caso de que fuera cierto, que sabemos que no lo es, una equivocación de esta magnitud medida en los millones de euros que ha supuesto, reclamaría algo más que palabras. Las decisiones públicas equivocadas no pueden tener coste cero, como si no fuera con los dirigentes políticos asumir las graves consecuencias de sus malas decisiones.

Resultaron obscenos cualquiera de sus argumentos o porquerías: desde aquellos que se referían al avance por la senda de la recuperación económica gracias al proceso reformista emprendido y la renovada confianza de los mercados en la economía española, hasta el anuncio de  un nuevo dato positivo de empleo, demostrando la eficacia de la reforma laboral encomendada a la virgen de Fátima. Unos resultados que dejan la cifra de paro sólo con 600 mil parados más de los que había en noviembre de 2011, cuando el Partido Popular se hizo con el poder (político).

Fueron groseras sus citas, un ejercicio infantil de asesores y fontaneros pretendiendo situar el debate en el terreno de los gabinetes. A ver quién es más listo, más ingenioso, quién se documenta y maneja mejor las fuentes. A ver a quién sacamos los colores, como si el jueguecito importara o hiciera gracia a alguien que no sean sus iguales, sus militantes, adeptos o acólitos.

Finalmente, también hubo espacio para que el presidente demostrara su deshonestidad.
Se cobran sobresueldos y complementos, claro que sí; razonables y justificados por las responsabilidades orgánicas y políticas ejercidas; se ha tenido acceso a créditos sin intereses, se compensan económicamente pérdidas de beneficios de actividades privadas… Y qué; todos lo hacen.

Por qué no, también, en este tiempo de espanto en el que la crisis se desvela como un eficaz instrumento del capitalismo.

Y qué, si a los ciudadanos se les despoja de sus empleos y se les cercenan sus derechos.

Por qué no en estos tiempos infames donde las maquinarias del poder se empeñan en propagar la especie de que no es posible una educación pública de calidad. Menos aún, una asistencia sanitaria digna y universal; imposible de todo punto atender la dependencia, condenando a un dolor adulto a las familias más frágiles.

Qué mas da si en este tiempo terrible se cava la tumba de la prosperidad del futuro, abandonando proyectos científicos y políticas de investigación, arrinconando a las universidades públicas.

Forges_CSIC_

Qué importa, si en este tiempo oscuro se quiere robarnos, también, los sueños que nos regalan el cine, el teatro, los libros, las iniciativas culturales.

Para completar este recorrido por la indecencia, al presidente le faltaba acudir a la procacidad. Y a ella recurrió para escupir las miserias de los demás y así justificar las suyas. Acusó a los que se le oponen de socavar la imagen de España y de tirar por tierra el prestigio ganado al anunciar una posible moción de censura. Eso no se hace, seamos patriotas. Amigos y ciudadanos, mejor calladitos, que perjudicamos nuestra imagen.

Pero qué imagen de España

Quizás a la que contribuye la monarquía representada por un rey medieval que en sus viajes de negocios reclama a otros monarcas medievales gestos generosos para sus súbditos que se concretan en indultos a pederestas convictos. Un rey caduco y anacrónico incapaz de reclamar el respeto a los derechos humanos al monarca amigo, al sátrapa que condena al pueblo saharaui a refugiarse en el infierno de la hammada argelina.

Eso es España, y esa su imagen proyectada, que no necesita polémicas internas para resultar tan penosa como lo es.

Pero faltaba hacer el resumen, poner el colofón. Y ahí estaba el portavoz popular, Alfonso Alonso, que lo hizo y a la vez, pareció reclamar su sobre-sueldo. Son asuntos de familia, vino a decir y las familias (políticas) no estamos para tirar cohetes, ¿verdad colegas?

En el polo opuesto de la indecencia están la moralidad y la delicadeza, que no aparecieron por ningún lugar a lo largo de la comparecencia, a pesar de los vanos intentos de los representantes de la Izquierda Plural y de otras fuerzas minoritarias.

Cuándo nos atreveremos no sólo a reclamarlas, sino a imponerlas. Cuándo.

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La vida a veces

Carlos del Amor es un periodista singular que escapa a todos los perfiles, un enviado especial a la vuelta de la esquina, según él mismo dice. Me gusta. Siempre me han gustado sus piezas breves, inteligentes y originales, como islas imaginadas en medio de los tonos grises de las noticias del Telediario. Le reconozco, sobre todo, su capacidad para extraer de un gesto, de un color, de una actitud, de una mirada, una noticia, una crónica diminuta sobre un personaje, un evento cultural o un acto cotidiano.

En estos días, Carlos del Amor anda promocionando su primer libro, La vida a veces, un libro de relatos, de historias singulares, que presentó hace algunas mañanas  en el programa de Pepa Bueno y Gemma Nierga, en la SER. El libro toma el título y comienza con ese poema de Gil de Biedma que, a pesar de su grandeza, yo no tenía en el recuerdo.

Como lector de pequeñas dosis de poesía, admiro los poemas de Gil de Biedma y vuelvo a su lectura recurrentemente, como sólo se hace con aquellos textos que, sean poemas o relatos, tienen la hondura precisa para hacerlos atemporales.

El poema, leído por la voz acariciadora de Carlos del Amor, atenúa el sentido de unos versos demoledores.

La vida, a veces

“La vida a veces”

La vida a veces es tan breve
y tan completa que un minuto
– cuando me dejo y tú te dejas –
va más aprisa y dura mucho.

La vida a veces es más rica.
Y nos convida a los dos juntos
a su palacio, entre semana,
o los domingos a dar tumbos.

La vida entonces, ya se cuenta
por unidades de amor tuyo,
tan diminutas que se olvidan
en lo feliz, en lo confuso.

La vida a veces es muy poco
y tan intensa -si es tu gusto-
Hasta el dolor que tú me haces
da otro sentido a ser del mundo.

La vida; luego, ya es nosotros
hasta el extremo más inmundo.

Porque quererse es un castigo
y es un abismo vivir juntos.

Jaime Gil de Biedma

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Las imágenes de España

El mismo día que Mariano Rajoy llegaba a Nueva York para ‘defender a España ante la ONU‘, más de 1.500 policías anti-disturbios tomaban el centro de Madrid para blindar el Congreso de los Diputados.

A pesar de ello, una multitud rodeó las calles aledañas a la carrera de San Jerónimo y se concentró en la plaza de Neptuno, enfrente del Congreso.

Los incidentes que se produjeron durante la concentración, los enfrentamientos entre algunos manifestantes y policías y la desmedida e indiscriminada intervención policial quedó reflejada en imágenes y vídeos que abrieron esa misma noche portadas y cabeceras de informativos de medios españoles e internacionales.

Muchos políticos y diversos medios de comunicación se apresuraron entonces a señalar el perjuicio que los enfrentamientos y las cargas policiales ocasionaban para la imagen de España.

Mientras tanto, Rajoy hablaba de Gibraltar ante la ONU, se reunía con el Consejo editorial del Financial Times y alababa a la ‘mayoría silenciosa‘ de los españoles que no se manifestaban. Por su parte, el rey de España también llevaba a cabo diversos contactos para promover la marca España en aquel país

La repercusión mediática de la presencia de los dos representantes de las más altas instituciones del Estado en aquel país resultaba llamativa.

El New York Times publicaba en portada un demoledor reportaje sobre la crisis económica española ilustrado con una imagen en blanco y negro de un desempleado rebuscando comida en un contenedor de basura. El texto es la continuación de la colección de fotografías de Samuel Aranda, ganador del World Press Photo 2011, para ilustrar el desolador panorama económico bajo el título ‘La austeridad y el hambre en España’.

Este mismo diario publicaba dos días después un artículo donde cuestionaba la fortuna amasada por el monarca y su tarea como diplomático de los negocios de cara a vender la ‘marca España’ en el mundo.

La presencia de Rajoy y del rey en los Estados Unidos también inspiraba la realización de un vídeo cómico de animación por parte de un estudio de Taiwan que explica la situación española,

Por último, un editorial del NYT advertía del camino hacia ‘la miseria y la confusión’ que lleva la política económica del gobierno de Mariano Rajoy.

En definitiva, todo un éxito de comunicación para la marca España a la vista de las reacciones que esta repercusión ha obtenido en nuestro país.

Un informe de Kantar Media concluía que ‘la visita de Rajoy a Nueva York generó un impacto publicitario de más de 3,6 millones de euros’.

Rajoy fumando un puro rodeado de sus edecanes

La imagen de Rajoy fumándose un puro en una calle de Nueva York rodeado de sus edecanes se consideraba anecdótica e incluso malintencionada. El reportaje de New York Times, La austeridad y el hambre en España, un ejercicio de demagogia gráfica y el artículo sobre la fortuna dudosamente amasada por el rey de España como una suerte de vendetta demócrata.

También, el secretario de Estado de Cultura, José María Lasalle, que sobrevive como un naufrago en el ministerio de Wert, publicaba un artículo en el diario El País en el que insistía en que ‘la alianza entre la antipolítica y el culto a la multitud tiene en estos momentos una extraordinaria fuerza desestabilizadora. En primer lugar porque proyecta hacia el exterior una imagen deformada de nuestro país que debilita nuestra credibilidad y solvencia..’. En fin, todo por la patria.

De este modo, con esta estrategia se pretende hacer entender que la imagen de un país, la imagen de España, es una cuestión cosmética que depende del colorido e impacto de determinadas actuaciones puntuales y no el resultado de un comportamiento responsable y transparente que se mantiene en el tiempo generando confianza y credibilidad.

Quien sabe, habla de la imagen de las empresas o de las instituciones, de un país, por qué no, como de una globalidad: la suma de experiencias que alguien tiene de una institución. Esas experiencias serán el resultado de las actuaciones de la institución, de su modo de ser y de hacer y de la imagen que intencionalmente proyecta.

La imagen que intencionalmente se proyecta de España para alcanzar una imagen positiva es, en este caso, la presencia del rey y de Rajoy en Estados Unidos para defender a España uno y para promover la marca España, el otro. Valoren sus resultados.

Sus actuaciones, las que conforman la cotidianidad en los procesos de formación de la imagen, son el día a día de las políticas del gobierno mermando los pilares básicos de lo que constituye una sociedad desarrollada y más equilibrada: educación, sanidad, dependencia.

Su modo de ser y de hacer se hizo patente en el antes, en el durante y en el después de la convocatoria ‘Rodea el Congreso’, el #25S. Antes, criminalizando la iniciativa, al crear determinado clima de opinión comparando la convocatoria con un intento de golpe de Estado contra las instituciones democráticas. Durante, reprimiendo salvajemente a quienes les desafiaron. Y, después, regodénadose en sus actuaciones llegando, incluso, a condecorar a los mandos policiales al frente de la represión.

Este modo de ser se evidencia, también, en la concesión en el último Consejo de Ministros de la Gran Cruz de la Orden del Mérito de la Guardia Civil a la Virgen del Pilar, Patrona del Cuerpo; en el mantenimiento de las subvenciones de la iglesia católica para 2013, en la defensa del apoyo a la segregación de sexos en las escuelas, o en el recorte en la ayuda oficial al desarrollo, que se ha dejado caer a niveles de 1981.

Españña. #25S. Brecha ciudadanos_instituciones

No somos Grecia, es verdad. Ni Francia, ni Bélgica, ni Austria… Pero no se empeñen, nuestra imagen es penosa porque la dan forma los millones de parados y sus familias que llevan años subsistiendo, los miles de jóvenes que tienen que salir de su país para tener un empleo, la corrupción institucionalizada, estructural o sistémica que nos asola y, en definitiva, la brecha que separa la realidad de los ciudadanos de las instituciones y de los gobernantes que deberían representarlos.

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