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Muchos años después, gracias Gabo

Se fue Gabriel García Márquez en una muerte discretamente anunciada. Y por una vez, el espacio ocupado y la tinta derramada ante la desaparición de una personalidad pública, no me parecen exagerados. Ni impostados e insinceros los reconocimientos, comentarios y trabajos periodísticos de medios, articulistas, escritores y agencias informativas.

Claro que desde que cayó en mis manos la edición del Círculo de Lectores de Cien años de soledad, hace tantos años, me sentí cautivado por el escritor colombiano.

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Cautivo y desarmado sigo, tantos años después, ante la irremediable magia de sus palabras y la arquitectura de sus tramas. Por eso, muchos años después, sigo dedicándo mi retorno  a la lectura de esa historia inicial e inabarcable,  al menos una vez al año. Como a un dios pagano.

Algunos de ustedes saben que no soy de listas –quizás por mi carácter desorganizado– y que cuando en alguna ocasión he tenido que relacionar libros leídos que me han dejado huella, siempre ha estado entre ellos Cien años de soledad, a pesar de que habitualmente me deje algunos imperdonables –la última vez,  las empresas y tribulaciones de Maqrol el Gaviero, a pesar de mi devoción confesa por Mutis y casi toda su obra–; pero ese, nunca.

Siempre me gustó García Márquez escritor, novelista, contador de historias; siempre me interesó más que el periodista. A partir de Cien años, desde La hojarasca a Historia de mis putas tristes, incluso. Pasando, desde luego, por El amor en los tiempos del cólera.

La magia de sus historias, la grandeza de alguno de sus personajes, la desmesura de muchas de sus escenarios quizás se evidencia en la imposibilidad de su traslado al cine, a la vista de los desafortunados resultados.

Aún hoy, muchos años después, puedo recordar la expectativa ante la publicación de la nueva novela, entonces, de García Márquez: El amor en los tiempos del cólera en edición tan sencilla como eficaz de Bruguera. Libros para hacerse con ellos, entonces, de cualquier manera, mientras transitábamos por el  COU en un tiempo tan convulso como añorado hoy.

Siempre me cayó bien García Márquez, Gabo. Su aparente timidez cercana –al menos desde mi perspectiva de espectador–, sus lealtades  políticas sin grandilocuencias; su perseverancia en la distancia con el escribidor Varguitas, su estupenda guayabera en la ceremonia de entrega de los premios Nobel en 1982… Ya digo, siempre me gustó el pendejo.

Y me seguirá gustando, seguro, por lo que mantendré mis rituales y continuaré con la búsqueda de diferentes ediciones de Cien años de soledad para conservar la costumbre de su contumaz lectura sin perseguir objetivos concretos, a pesar del maleficio de no poder recordar buena parte de sus pasajes, ni de describir con certeza el perfil de tantos de sus personajes, tantos años después, tras múltiples lecturas, tan reiteradas como maravillosamente inútiles.

 

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Extraños en el paraíso

Cuesta entender la invasión sin grietas de la muerte en nuestro entorno más cercano, a pesar de aceptar su presencia infalible y la inevitabilidad de su aparición. Nos defendemos como podemos, pero cuando nos alcanza cerca experimentamos muchas de las dimensiones del dolor y nos aproximamos a las sensaciones del vacío, a pesar de que nos empeñemos en cavar zanjas para evitar el olvido. Las muertes cercanas nos desarman, nos desarbolan.

Otras muertes nos conmueven, nos conmocionan o nos sorprenden por lo inesperado, por sus circunstancias, porque se llevan alguno de nuestros referentes o de nuestros personajes más queridos; esos que nos han ayudado y nos ayudan a entrever los perfiles de la realidad, los matices de la vida. A disfrutar de ilusiones o a adquirir conciencia de su sinsentido. Muertes públicas de diferente alcance en función del personaje y de la agenda de los medios.

La semana que hoy termina comenzó sin Carlos París y sin Philip Seymour Hoffman, que se fueron de diferente modo, con distinto ruido, ocupando espacios informativos dispares.

Carlos París

Me dolió la muerte de Carlos París, no sólo porque le conocí a través de su hija Inés en tiempos remotos, casi de la infancia, sino, sobre todo, por sus cualidades de pensador y por su compromiso coherente hasta sus últimos días. Por su modo de entender la intervención en la realidad de los intelectuales, de su papel en sociedades injustas. Su labor en la Academia, su producción científica, su compromiso político, su empeño en abrir nuevos espacios de reflexión, de pensamiento y debate en el Ateneo de la calle Prado, señalan la trayectoria vital de un hombre de su tiempo, honesto y cabal que siempre supo cuál era el sitio que le correspondía.

La muerte de Philip Seymour Hoffman fue otra mala noticia.

Para mi ha sido, y seguirá siendo, uno de esos actores con los que disfrutas con su presencia en las pantallas, tocados con el don y la cualidad de activar con sus interpretaciones los resortes de las emoción.

Cuando me enteré de su muerte creí ver una señal en el hecho de que una semana antes salí del cine conmovido y lleno de sensaciones después de ver El último concierto, como hacía mucho tiempo que no sentía después de una película.

Creo que hasta esta semana nunca había sido capaz de decir su nombre de corrido, y cuando me refería a él tenía que recurrir a comentar alguno de sus papeles en cualquiera de las películas que podía recordar. Por ejemplo, en la mala película Y entonces llegó ella, ese papel memorable como amigo del protagonista, de actor fracasado pero repleto de ego que, finalmente, interpreta su gran papel en la vida real, fuera de la pantalla. Casi siempre en papeles no protagonistas, como segundo violín.

Desde el último fin de semana, digo y escribo de corrido su nombre completo apenas sin dificultad.

Su muerte se anunciaba precedida de sus circunstancias,  de la inquietante presencia de la heroína, del descubrimiento de su cuerpo en un apartamento del neoyorkino barrio de West Village con una jeringuilla todavía en el brazo.

Philip Seymour Hoffman

Posiblemente, para muchos, su adicción a la heroína simplifique su muerte a pesar de que, en realidad lo que hace es señalar la complejidad de su vida. Una vez más, muchos, no se explicarán cómo es posible que personas ‘normales’ o que disfrutan del éxito y la fama, tocados por la magia del talento, puedan caer en el paisaje oscuro y devastador de la droga, la heroína.

No será fácil explicarlo. Resultará difícil entender que, de algún modo, se pueda buscar desesperadamente un hueco de suavidad y silencio más allá de lo real, un espacio mullido solo de uno, no compartido, conformado por la soledad más desnuda. Será complicado comprender la gratificación de reconocer la intimidad, casi la ternura, del rastro de tristeza que nos entrega la vida. No resultará fácil compartir que para ello haya que arrastrarse por las cloacas más miserables de la existencia humana.

Perdedores, quizás, de esta vida. Extraños en el paraíso.

[Han sido bastantes las secuelas periodísticas de la desaparición de Philip Seymour Hoffman. Durante este verano extraño me encuentro todavía con una más que interesante.  Le Carré, a partir de sus vistas al rodaje de la adaptación  cinematográfica de su novela El Hombre más buscado traza un excelente retrato de su protagonista: Philip ]

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El año vivido

Estos suelen ser momentos de listas, resúmenes y balances, aunque yo no sea muy partidario. Quizás por mi modo de hacer casi siempre desordenado, impulsivo, incluso caótico, que cualquier mirada más o menos atenta pone en evidencia. Pero reconozco lo interesante que puede resultar re-pasar y re-pensar lo que se ha hecho durante el tiempo que va quedando atrás y procurar ver dónde nos han llevado esos días, esos momentos que nos han traído hasta hoy. En cualquier caso, algunos, los más personales, me encantan por lo que suelen encerrar.

El año que ha terminado se va dejando trazado un nuevo escenario en el que, a partir de ahora, se desarrollará el teatrillo de mis días. Un nuevo lugar para vivir, otras condiciones para trabajar.

Este año me he trasladado a vivir a un lugar hermoso. Al inicio de la primavera la intensidad de Madrid se fue quedando atrás para acercarme a las tierras del Sur, al borde del mar de Granada con el propósito de buscar y encontrar perfiles más leves en los días, un tiempo más sosegado, un discurrir menos exigente. Otra luz. Otros afectos.

caminitos

Y con Madrid se quedó también la actividad profesional que venía desarrollando en los últimos años. Muchos sentimientos, compañeros y compañeras, amigos; la zona de confort. Pero también el desgaste de la vida, el hastío y el desánimo de no poder compartir un proyecto antes querido, pero ahora lejano y amargo para mi. Llegó mi hora quizás para buscar otros caminos que abriguen las condiciones de la ilusión.

Lo vivido, las cosas que he hecho en este último año han ido en esta dirección: asentarme, reconocer el terreno y tantear algunos senderos para saber por dónde hay espacios de los que poder disfrutar.

Volver a dar clases en la universidad es una de mis intenciones. Mi experiencia con alumnos de publicidad y periodismo durante los últimos años es uno de los activos más gratificantes que guardo conmigo. Pero, ya saben, no son buenos tiempos para la Academia.

Con este objetivo, durante este tiempo me he sometido a la rigurosa evaluación de la ANECA para obtener una acreditación como profesor universitario que pudiera facilitarme las cosas. El proceso es complejo y burocráticamente tedioso. Finalmente, la Agencia me comunicó amablemente que, aunque valoraba mis méritos docentes y las publicaciones realizadas, carecía de investigaciones y artículos publicados en revistas de impacto, de reconocido prestigio internacional por lo que mi evaluación no podía ser positiva, recomendándome enmendar esta carencia. Dado que los criterios son esos, la ANECA tenía razón.

Por este motivo, he dedicado algún tiempo a familiarizarme con todo lo relativo a publicación de artículos científicos en revistas científicas de la mano de la Universidad de Granada y de su Centro de enseñanzas virtuales, participando en un interesante curso que me ha proporcionado suficiente información y bastantes pistas para abordar esa tarea. Ahora, en este nuevo año, procuraré concretar algunas ideas de investigación y elaborarlas para su publicación sometiéndome, de nuevo, a la evaluación de la ANECA. No obstante, sigo atentamente las ofertas y convocatorias de las universidades cercanas para intentar aprovechar cualquier oportunidad. Pero, casi siempre, me siento un intruso en un entorno como el universitario, cerrado, opaco y endogámico.

Durante este tiempo, desarrollar una actividad profesional independiente ha sido otra de mis intenciones. Mi actividad anterior me ha permitido tener relaciones interesantes con muchas empresas, algunas de ellas en el  sur. Casi todas en el sector de la educación y la formación, la tecnología y el mundo editorial. Durante estos últimos meses he colaborado con algunas de ellas. Para alguna de estas empresas he desarrollado determinados contenidos formativos acerca de Gestión de comunidades virtuales y de Marketing y comunicación para los nuevos certificados de profesionalidad. También he impartido alguna sesión de formación relacionada con estos asuntos  y tutorizado algunos cursos online sobre estas materias.

Procuro estar al tanto de la actividad que se desarrolla en el ámbito de la comunicación y el marketing en un amplio sentido y he pretendido enterarme y aprender o profundizar en algunas cuestiones que tienen que ver con ello. Las plataformas sociales y los amigos y contactos con los que me relaciono son mi mejor fuente. Participo en distintos grupos de Linkedin que me resultando útiles e interesantes. Desde hace algún tiempo utilizo Delicious para guardar enlaces y referencias que me interesan.

Como es lógico, he dedicado una buena parte de mi tiempo a la lectura de blogs y publicaciones electrónicas; enterrado Google Reader, utilizo Feddly. Hay muchos sitios interesantes para localizar recursos y aprender o acercarnos con más rigor a aquello que sea necesario. Me gusta La Publiteca, que facilita el acceso a publicaciones y recursos electrónicos actualizados e interesantes. También me han resultado útiles los recursos, artículos y herramientas de IDacción y, por supuesto, el repositorio de Savia, la propuesta de conocimiento abierto de la EOI. De todos modos, he realizado algunas acciones de formación más estructuradas, como fue el curso de utilización avanzada de Moodle.

He preparado algunas propuestas de actuaciones de formación que consideraba oportunas o interesantes, relativas a Emprendimiento y financiación de pymes y Habilidades digitales, que confío que vayan tomando forma próximamente. También he elaborado y presentado a algunas empresas propuestas de asistencia y asesoramiento estratégico para la puesta en marcha de actuaciones de comunicación integral. Veremos.

La Iniciativa Social

Durante este tiempo, he colaborado en algunos proyectos culturales y sociales que se llevan a cabo en mi entorno. Vivir en una localidad pequeña puede encerrar muchas sorpresas y algunas de ellas muy gratas. Es el caso de la inquietud y las ganas por poner en marcha diversas iniciativas de diferente tipo, muchas de ellas en el ámbito cultural,  novedosas e interesantes. Todas ellas por iniciativa de personas y grupos al margen de las instituciones, es decir,  por parte de la sociedad civil. Se trata, al fin y al cabo, de plantear alternativas a las propuestas oficiales, generalmente simplistas y cómodas cuando no casposas y retrógradas. La  organización de una Muestra de Cine de la Memoria es uno de esos proyectos que se ha ganado todo mi interés y que espero que se pueda llevar a cabo en el próximo febrero.

En este sentido, me ha resultado muy útil la participación en un curso de Gestión de Proyectos Culturales que organizó GECA el pasado mes de mayo. Así como el curso de Estrategias y Gestión de Patrocinios que puso en marcha a finales de año Enclave Social.

Escribir más, leer mucho

He escrito poco. He descuidado el blog más de lo que quiero. Al final, en mi escritorio se ha quedado un buen número de borradores que, finalmente, no vi el momento de publicar. Es la eterna tarea pendiente. Mis números me los cuenta amablemente WP, pero lo que no me cuenta yo lo sé bien. Además, me siento torpe y enredado en los entresijos de la administración del blog. Soy más inconstante que perezoso, lo que me impide dedicarme con intensidad a resolver determinadas cuestiones, sobre todo relacionadas con los aspectos más técnicos. Creo que necesito ayuda (como en tantas otras cosas).

He leído mucho, por puro placer, casi por inercia, pero no sé cuántos libros he leído. Casi todo ficción, pero también algunos pocos ensayos: comunicación, medios sociales, periodismo, movimientos sociales,… Este año que ha terminado no he leído ningún libro de Memorias, un género que siempre me ha gustado.

El año 2013 lo inicié en Roma, una ciudad que siempre me ha encantado, claro. Sin embargo, más allá de los desplazamientos por lugares cercanos, no he salido fuera durante todo el año. Pendiente quedó el viaje a Dajla para asistir al Festival del Cine del Sahara y la vuelta a Senegal, que tampoco pudimos hacer. Sin embargo, he hecho algunas salidas interesantes con los alpargateros y con otros amigos: recorrer partes de la sierra de Lujar, subir a la mina del maqui, atravesar los alcornocales, pasear por la sierra de Cazorla.

El tiempo vuela

Se nos escapa entre los dedos en ocasiones y por ahí, también, muchas veces se nos escurre la vida.

En el año 2013 pretendimos evitarlo de alguna manera y creo que en parte lo conseguimos: pudimos traer con nosotros, desde el campamento de El Aaiun en Tinduf a nuestra pequeña Aicha. Fue un subidón en todos los sentidos, como algunos ya saben. Estuvo con nosotros durante el verano, después de que en el mes de mayo yo tuviera un fallo de sistema que me avisó para que procure contemplar de otro modo los días venideros.

A pesar de ello,  aún me sigue costando recuperar el hábito de la actividad física rutinaria, las sesiones de entrenamiento funcional con la señorita, caminar, nadar dos días a la semana. Y abandonar algún que otro hábito deplorable. Ahí estamos.

PS. Escribo este primer post del año por primera vez con el Mac que he empezado a utilizar recientemente. Es noche de reyes y recuerdo que en casa, de pequeño, me tocó que Baltasar fuera mi mago de oriente. Confirmo que sigue siendo mi único Rey.

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Álvaro Mutis, soñador de navíos

Llevaba semanas anclado en las proximidades del puerto y a la vista –borrosa- desde la orilla del mar. Sin lugar a dudas era un carguero, con el olor y el rumor de un buque viejo, de podridas maderas y hierros averiados.

Invariablemente, allí estaba; por las mañanas, cuando caminar por la playa es como despertar de un sueño de gaviotas, destacando sus colores de minio, como si quisiera brillar y llamar nuestra atención. Al atardecer, cuando el mar se deja ganar por colores dorados, pareciendo apagarse entre las brumas del final del día.  Allí estaba, modificando levemente su posición por mor de los vientos: ora mostrando la popa ora la proa, a veces orientado a babor, otras, las más, a estribor.

Enseguida pensé en Mutis y escarbé por los estantes para rescatar algunos de sus relatos. Más que las andanzas de El Gaviero, lo que ya me empezaba a parecer una visión me reclamaba otras historias más cercanas a su fascinación por los navíos y sus viajes que parece que desde siempre atrajeran a Alvaro Mutis, como una especie de testimonio de nuestro destino sobre la tierra, una metáfora de posibles vidas.

La última escala del Tramp Steamer

Encontré escondido entre los gruesos volúmenes de las Empresas y tribulaciones… y de Los contextos…, un pequeño ejemplar, amarillento, de una curiosa edición de La última escala del Tramp Steamer, ese carguero casi fantasma que aparece y desaparece con lentitud de saurio malherido,  como un enigma circular por el transcurso vital del narrador, llevando a bordo y alrededor personajes memorables, delineados con precisión y ternura (sobre todo aquellos en los que la vida parece que pertenezca a cierta categoría de naufragio, en la que todo se va al fondo irremediablemente), como Jon Iturri, el capitán de navío vasco-francés que daba la impresión de haber estado en algún sitio semejante a los círculos del infierno de Dante; Abdul Bashur, armador de Beirut, de modales pausados y palabras gentiles; o Warda, la hermana de Bashur, aparición de una belleza absoluta.

La Última escala del Tramp Steamer tiene el mejor de los comienzos posibles: una dedicatoria a G.G.M : ‘Esta historia que hace tiempo quiero contarle pero el fragor de la vida no lo ha permitido ’ y unos versos de Pablo Neruda:  El fantasma del buque de carga.

A partir de ahí, todo es puro deleite: el viaje por las cuencas del Orinoco y del Amazonas, las interminables noches  — tan breves para el lector– en la ciénaga bajo el cielo constelado, de una fosforescencia tibia y palpitante, en las que Iturri cuenta su historia. Y la presencia de Warda, una levantina cien por ciento,  de grandes ojos negros de mirada lenta y pelo negro, azulado, de intensidad de miel, no sólo satisfecha sino orgullosa de su sangre árabe.

Un historia en la que los personajes hacen el amor con la lenta y minuciosa intensidad de quienes no saben lo que va a suceder mañana. Una historia de amor, la historia de amor que existe desde el principio de los tiempos, repetida al infinito sin perder su terrible sencillez, su irremediable desventura.

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Esta mañana, al bajar a la playa mi Tramp  Steamer no estaba en el horizonte. Quizás le llegó el flete esperado. Quizás el capitán del carguero encontrara, por fin, una carga ocasional para llevar no importa adonde arrastrando su silueta por mucho más tiempo del que pudiera hacernos predecir su precaria condición. Quizás le apremiara la llegada del otoño.

Quizás el armador, porqué no libanés, se enteró anoche de la muerte de Álvaro Mutis y partiera hacia ningún lugar para dar ocasión a otro soñador de navíos a imaginar su última escala.

Que te acoja la muerte| con todos tus sueños intactos … (Amén)

Homenaje de despedida a Álvaro Mutis en Papeles Perdidos

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El Fin del Verano

Aichatu Buyema Daiham llegó a nuestra casa el 28 de junio para pasar el verano con nosotros.  En Paz.

Llegó cansada después de un largo viaje desde el campamento de El Aaiun, en los campos de refugiados de Tinduf, donde desde hace más de 35 años sobreviven en el desierto argelino cerca de 150.000  hombres, mujeres y niños.

Aichatu llegó a Granada con otros 120 niños y niñas saharauis de entre 8 y 12 años para ser acogidos por otras tantas familias dentro del programa Vacaciones en Paz que desde hace años vienen organizando las Asociaciones de Amistad con el Pueblo Saharaui.

Aichatu llego cansada, despistada y triste. Quería volver al Sáhara. Añoraba a su gente. Lloraba bajito.

Sáhara Libre

Hoy ha vuelto a casa, feliz, radiante, sin mirar atrás, entusiasmada por volver a El Aaiun  con su familia y con sus amigas y amigos saharauis, donde entregará sus regalos mientras festejan su vuelta reunidos en su jaima, preparando y bebiendo el té, entonando canciones con bailes y palmas, riendo felices.

Para nosotros es el fin del verano.

Aichatu estaba feliz por volver al territorio inhóspito donde vive en unas condiciones hostiles porque allí está su casa, su pueblo, un país provisional construido con la dignidad de hombres y mujeres libres que no dejan de luchar cada día, sobreviviendo para volver a su tierra ocupada. Un pueblo que no ha renunciado nunca a soñar con el mar azul de Dajla y de Bojador en las noches de oscuridad violenta de la hammada argelina, el peor de los infiernos.

Durante estos dos últimos meses, hemos sido felices compartiendo con Aichatu nuestras vidas, disfrutando de sus ganas de vivir, de su alegría, de su curiosidad, de su capacidad de aprender con naturalidad, de su facilidad para adaptarse a nuestras costumbres y a nuestras maneras.

Hemos procurado que Aicha fuera feliz entre nosotros y que se llevara, sobre todo, un sentimiento cierto de que aquí siempre tendrá una casa, una familia, amigos y amigas, un país, si quiere.

Acoger en casa a Aichatu durante estos meses no ha resultado difícil, no ha sido costoso. El apoyo de los amigos y de las amigas, el cariño y la cercanía de otros niños y niñas, la actitud abierta y comprensiva de la gente de nuestro entorno ha facilitado las cosas. La solidaridad a veces se extiende con generosidad en los pequeños gestos, calladamente, sin altisonancias. Cada vez más, las posibilidades de intervención  para procurar modificar lo indeseable, lo injusto socialmente, están en lo que puede parecer insignificante, en lo  más cercano.

Eso sí, hemos recuperado forzosamente algunos territorios de la infancia: espacios de juegos infantiles, horas de merienda, bicicletas,  rituales de paseos, helados y chucherías… Pero sobre todo, hemos disfrutado del sabor de la ternura.

Aichatu quizás vuelva el año que viene. Quizás no. Quizás sobreviva un año más junto a su pueblo, esperando una solución política a una situación injusta que se prolonga penosamente. Quizás no.

Quizás vuelva con ese  sentimiento amargo de que la solidaridad, en su caso, más que la ternura de los pueblos es un compromiso material que tenemos por nuestra indecente responsabilidad con el destino de su pueblo.

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Los días venideros

[Un asunto personal]

Durante siete días he sido un habitante más del Hospital Básico General de Motril; aproximadamente 180 horas de estancia hospitalaria, casi todas ellas en la habitación 523 en la que me he ido recuperado, poco a poco, de un ‘fallo de sistema’.

No puedo decir que el tiempo haya pasado lentamente, ni que los días se me hayan hecho cuesta arriba: la urgencia por recuperarme, la rutina hospitalaria, la mejor compañía siempre a mi lado (tú) y el reguero del cariño constante de amigos y personas cercanas me han llevado de la mano hasta este #Día8 en el que he vuelto a casa.

Como digo, he ido mejorando poco a poco, haciendo las trampas adecuadas; al menos eso creo: mirando sólo a lo inmediato, a lo más próximo y cercano; posponiendo pesares y compromisos pendientes, aplazando deberes y renunciando a pensamientos trascendentes.

enfermedad

Durante estos #7 días he podido leer tranquilamente, rescatando antiguas sensaciones de lecturas de infancia y adolescencia, cuando la enfermedad tenía el aliciente de abrir un espacio inesperado a la lectura reposada, lenta y sin urgencias aunque, en ocasiones, febril. Cuando nos permitía disfrutar con delectación de historias complejas y adictivas, de contenido denso casi siempre, y detenernos en lenguajes prodigiosos creyéndonos pioneros mientras se afianzaba la creencia de que la única amante fiel en nuestra vida sería, siempre, la literatura.

La lectura tranquila y placentera se ha extendido, también, a las pantallas, picoteando con otro sentido, dejándome llevar por el lenguaje hipertextual, y seducir por el placer de la navegación a veces errática, sin condiciones y, sobre todo, sin el síndrome ansioso de las actualizaciones de Google Reader. ¡Ay!.
De este modo encontré una entrada conmovedora de Jordi Guillumet en Facebook, con motivo de la desaparición de Pere Formiguera, fotógrafo, creador, artista que me llegó a través de  Judith Gallimó .

El recuerdo se ilustraba, con inteligencia,  acierto y  sensibilidad, con un poema de Salvat Papasseit que resultó como una señal que vino a conformar mi actitud durante esos días de enfermedad. Y quizás (ojalá) de todos los siguientes.

En una traducción al castellano, torpe y sin pretensiones, reproduzco alguno de sus pasajes:

LA AÑORANZA DE MAÑANA

Ahora que estoy en la cama
enfermo,
estoy bastante contento.
– Mañana me levantaré quizás,
y esto es lo que me espera:

Unas plazas relucientes de luz,
y maceteros repletos de flores

bajo el sol,
bajo la luna al anochecer;
y la chica que lleva la leche
despreocupada,
con su delantal
bordado con encaje de bolillos,
y su risa fresca.
…/..

Y el cartero,
que si pasa y no me deja carta me angustia
porque no sé el secreto
de las otras que lleva.
…/..

Y las mujeres del barrio,
madrugadoras,
que van deprisa al mercado
con sus cestos amarillos,
en los que a su vuelta
sobresalen las coles,
y en ocasiones la carne,
y a veces cerezas rojas.
../…

Y toda la chiquillería del vecindario
ruidosa porque será jueves,
y no irán a la escuela.
…/..

Y el vino, que hace tantos días que no bebo
…/..

Y vosotros amigos,
porque me vendréis a ver
y nos miraremos felices.

Todo esto me espera,
si me levanto,
mañana.

Si no pudiera levantarme,
nunca más,
esto es lo que me espera:

– Vosotros quedaréis,
para ver lo bueno que es todo:
y la Vida
y la Muerte.

#Dia 8

Ahora ya en casa, me despierta el alba para que oiga amanecer: el rumor del mar en la playa cercana, el zureo de las palomas, la algarabía de los jilgueros, el silencio de las ranas en las charcas repletas; los sonidos discretos del trasiego en este lugar casi apartado.

El mar, la mar

Ahora ya es mañana y me enredo en su añoranza y sus perfiles, dejando de lado hábitos fútiles y orillando innecesarios estados de ansiedad. Dispuesto a transitar por la bondad de los días venideros.

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Días de septiembre

Apenas se anuncia el final del verano y los días a la vez que se hacen más cortos hurtándonos los atardeceres lentos, se van llenando de sucesos, noticias, decisiones, eventos que reclaman nuestra atención y buena parte de nuestro interés.

A lo largo de estos últimos nos han asaltado y ocupado alguno de estos asuntos imponiéndonos una repentina vuelta a una realidad áspera y antipática que quiere pasar por encima de nuestros sueños recientes acerca del tiempo de la felicidad.

Estos son algunos de los que me han interesado, inquietado o distraído en estos días.

Con la muerte de Santiago Carrillo parece que se vaya cerrando definitivamente la tan manida etapa de la transición que, sobe todo, ha servido para ser el soporte de argumentos vacíos, lugares comunes, verdades a medias y oscuros olvidos para alumbrar, finalmente, un sistema democrático incompleto y amorfo.

Carrillo fue uno de sus indiscutibles protagonistas y ha merecido por ello la atención de los medios, de la clase política y de la calle. Me quedo con la respuesta de la calle, la de muchas personas humildes, la más sincera, la más auténtica, la más llena de vida, seguro.

En estos días, las chicas y los chicos vuelven al cole. Han estado demorando el tiempo mientras estiraban la nostalgia de las tardes de un verano propio, lejos de sus rutinas probablemente, en otros paisajes, sintiéndose reyes, sabiéndose reinas. Pero hay que volver. La realidad se impone.

El ministro de educación, José Ignacio Wert, era el tapado de este gobierno. Y se ha destapado promoviendo la séptima reforma educativa en los últimos treinta años, una reforma ideológica que justifica con argumentos casi idénticos a los que utilizaron sus predecesores en las anteriores reformas, que siempre se anunciaron como definitivas. Este es el drama: entender la formación y la educación como un juguete político, convertir un derecho básico en un instrumento político. Todo ello en un contexto de recortes mezquino.

Estos días mucha gente sigue saliendo a la calle a manifestar sus anhelos, a defender sus derechos, a pelear por la dignidad y, sobre todo, a mostrar su rechazo a las medidas que se están adoptando, dicen que para hacer frente a la crisis.

En las calles de Barcelona, más de un millón de personas festejan la Diada y reclaman la independencia; parece que el nacionalismo catalán apuesta fuerte. También lo hace el nacionalismo español: el rey hace pública en su página Web una insólita carta donde reclama la unidad de España. El debate se reaviva entre separatistas y separadores. En cualquier caso, lo relevante es que, creo que por primera vez, se oye hablar a unos y a otros abiertamente de independencia.

En Madrid, el 15 de septiembre, también fuimos un millón. Que lo sepan. Aunque lo saben. Saben que la excepción, lo alternativo, es el germen de propuestas transformadoras y éstas se atacan de raíz. Si lo dudan, repasen cualquiera de las medidas que propone el ministro de Justicia, o el acoso e intimidación, primero,  y la abierta represión, después, como respuesta a las movilizaciones  del #25-S y su propuesta ‘Rodea el Congreso.’

También en estos días, Esperanza Aguirre presentó su dimisión como presidenta de la Comunidad y de su partido en Madrid. Su decisión que sorprende a propios y a extraños obedece, según ella, a motivos personales. Aguirre no deja indiferente: parece que se la quiere con locura o se la odia . Lo uno o lo otro. Lo que sí deja, desde luego, es a Ignacio González como sucesor, presidente frustrado de Caja Madrid previo a Rato, ejemplo de político siempre implicado en asuntos turbios y al que se le reconocen muchas habilidades ‘políticas’, pero ninguna de otro tipo. También deja 100 mil parados más -aunque esto no sea ningún mérito diferenciador- y 3.500 profesores menos en la escuela pública de la Comunidad de Madrid -esto sí-.

Contemplamos también el panorama desalentador de los medios de comunicación de este país, reflejo al fin y al cabo de la sociedad ante la que median. A la imparable concentración informativa a que han llevado las últimas fusiones en televisión, se une el desmantelamiento del modelo público y el espectáculo lamentable de manipulación informativa a que se dedican diariamente, sin pudor, los medios escritos y sus empresas informativas. No dejan de surgir, afortunadamente, nuevas iniciativas de proyectos a través de la Red que previsiblemente, a pesar de todo, serán efímeros.

En este panorama, los medios sociales buscan su sitio, su lugar en el mundo. Por ello resultan interesantes contribuciones como las de Miguel del Fresno en su tarea de investigación de estas realidades: Si los mass media son un comunicador profesional, los social media se presentan como un comunicador colectivo.

Otoño

En estos días de septiembre, llega el otoño que es una estación ideal para pasear y dejarse llevar por la melancolía. Para disfrutar del campo y también de las ciudadades, de sus parques y jardines. De sus patios en veladas frescas, románticas y silenciosas.

Pasear por las calles de Madrid en las primeras tardes del otoño es sumamente placentero: merece la pena acercarse a contemplar la luz crepuscular desde Las Vistillas, o detenerse en los jardines del antiguo hospital de Santa Isabel cuando ya anochece, por ejemplo. O vivir el despertar de  un domingo en la ciudad.

De momento, todavía no tienen porqué tocar a su fin esos paseos tranquilos, de caminares lentos, reposados, sin prisas, a pesar de que el otoño, además, sea el corredor que nos lleva al invierno.

El otoño nos reclamará lecturas de otra intensidad. Si se han logrado evitar las intrusivas Sombras de Grey y se gusta del género las alternativas, hablando de literatura, son muchas. También algunas de las novedades editoriales de la temporada resultan tentadoras.

En fin, se va a agotando septiembre pero vendrán otros días, días que nos harán más ciegos. Por eso, conviene seguir buscando distanciamientos deliberados y medias distancias, lo que no siempre resulta fácil.

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