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Formación y otros temas menores

Según la consideración de los medios de comunicación y al parecer de la opinión pública, el reciente y nuevo fracaso del diálogo social se ha hecho evidente con un gran desacuerdo y algunos pequeños acuerdos en relación con diversos temas menores, entre ellos la formación para el empleo.

Erlich

En este asunto intrascendente, sin demasiado interés al parecer, los sindicatos y la patronal están de acuerdo en que la formación es un factor determinante para el desarrollo social y económico, la competitividad de las empresas, el crecimiento del empleo y el desarrollo profesional y personal de los trabajadores. Coinciden, por lo tanto, en la necesidad de sostener e intensificar un modelo de formación para el empleo del que comparten su gestión y su gobierno con la Administración a lo largo de las dos últimas décadas (desde 1993) y que, según su propia valoración, presenta aspectos positivos y necesidades de mejora.

Este tema menor, el sistema de formación para el empleo, moviliza anualmente más de 3.000 millones de euros, una parte de ellos destinados a financiar la oferta formativa que llevan a cabo las propias organizaciones empresariales y sindicales.

En consecuencia, los empresarios y los sindicatos se comprometen a negociar en los próximos meses nuevos acuerdos que introduzcan mejoras en la calidad, la transparencia y la concurrencia del actual sistema y, mientras tanto, dejar las cosas como están, es decir, mantener la convocatoria de oferta a los trabajadores (cursos gratis) y el sistema de bonificaciones para las empresas.

Más allá de consideraciones políticas (mucho me temo que, una vez más, la gestión de los fondos de formación pueda convertirse en el bálsamo que calme la ansiedad que provoque la frustración por el fiasco del diálogo social), en mi opinión se deja pasar nuevamente una oportunidad para consolidar la cultura del aprendizaje permanente en las empresas y entre los trabajadores y hacer de ella un potente dispositivo con valor y utilidad reales a disposición de las personas y de los proyectos empresariales.

Es cierto que, a la vista del desinterés social o la indiferencia que provoca la formación y su importancia para el desarrollo de cualquier sociedad moderna, la consideración estratégica que de ella tienen empresarios y sindicatos justificaría su protagonismo e intervención en el modelo de gestión que se adopte. Sin embargo, la lectura de los ejes a través de los que los agentes sociales proponen reformar el sistema de formación para el empleo resulta desalentadora y retrotraen a planteamientos y posiciones de los años noventa del siglo pasado. De este modo, parecería que ni en lo social, en lo económico, en lo productivo, o en lo tecnológico nada ha cambiado. Tampoco en el modo de aprender ni en las metodologías para hacerlo.

A mi modo de ver se desaprovecha la oportunidad para establecer las bases de un modelo que libere el potencial transformador que encierra la formación, poniéndola a disposición de las empresas y de las personas y dotándola de valor real para  la innovación, la cultura emprendedora y el empleo. Se plantea un modelo que más pronto que tarde deberá ser objeto de una de esas reformas estructurales que tanto se reclaman y se anuncian.

La clave una vez más está en los recursos. Hoy más que nunca, mantener un sistema público de formación para el empleo depende de su gestión eficiente y, por lo tanto, de su rentabilidad social. Y eso sólo se consigue a través de su credibilidad.

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Algunas consecuencias de la JMJ2011

El mismo día que Benedicto XVI concluía su visita pastoral a Madrid con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, Arturo Fernández presidente de CEIM, de la Cámara de Comercio y vicepresidente de la CEOE, además de presidente del grupo empresarial Arturo Cantoblanco, a la sazón uno de los principales patrocinadores de la JMJ, adelantaba que los hoteles, el transporte y los comercios madrileños habrían obtenido unos 160 millones de euros de beneficios como consecuencia de su celebración. Además, este patrón de patrones madrileños ha señalado  que puede hablarse de la creación de más de 3.000 empleos directos y de, al menos, 7.000 indirectos.

Botín y RatoYa lo comentamos, era previsible que aún antes de la finalización de la fiesta del orgullo católico se presentaran con grandes titulares todo tipo de consecuencias positivas para la economía y para la sociedad española. En efecto, así está siendo.

Conviene recordar que, además de muchas de las principales empresas españolas, entre los patrocinadores de la JMJ figuran también algunos de los principales medios de comunicación escritos y audiovisuales de nuestro país, que se vienen dedicando a esta tarea desde hace algún tiempo. La estrategia de la manipulación no es nueva.

La organización de la JMJ ha tenido un importante componente comercial. Por eso y por toda la controversia de su financiación, los organizadores, los patrocinadores y los representantes de los empresarios madrileños (que, al fin y al cabo, son los mismos) se están apresurando con una inusual celeridad a hacer valoraciones en estos términos, destacando los resultados comerciales positivos que se han obtenido: cifras de negocio, creación de empleo, notoriedad de la marca España… Aunque parece que tardará algo más, esperamos también la presentación de los datos de retorno de la inversión de los patrocinadores.

Además de ese carácter comercial, la JMJ también ha respondido a planteamientos confesionales y políticos y cabe, por lo tanto, valorar sus efectos y resultados en estos ámbitos.

La iglesia católica ha demostrado su importante capacidad de influencia y de presión para contar con las facilidades necesarias para organizar un evento de estas características y movilizar a cientos de miles de sus fieles en torno a un mensaje de reafirmación y pertenencia que tiene como objetivo maquillar los graves problemas de imagen, de prestigio social y de vocaciones que la vienen acechando. La JMJ ha sido en este sentido una huida hacia delante, una llamada a la acción de los católicos para contener una situación cada vez más complicada.

En el terreno político, la JMJ y su parafernalia han puesto de manifiesto la indeleble alianza entre los poderosos y la iglesia católica. El poder financiero se ha puesto a disposición de la financiación del evento con fervor y entusiasmo inusitado. Por su parte, las altas instituciones del Estado y el gobierno han rebasado los requerimientos protocolarios de un estado aconfesional para manifestar su sumisión a la jerarquía católica. De algún modo, este evento ha sido la puesta en escena para el gobierno de las medidas que en los últimos años ha venido adoptando a favor de la iglesia católica: desde el incremento de su financiación vía presupuestos del Estado hasta la paralización de la tramitación de la Ley de libertad religiosa.

Por último, también pueden esperarse consecuencias en el ámbito social a corto y medio plazo.

Benedicto XVI ha advertido a los jóvenes católicos de que no es suficiente con ser creyentes, tienen que ser practicantes para fortalecer la institución de la iglesia. Y casarse y formar familias cristianas que acepten la voluntad divina, antes que rebelarse ante la injusticia y la desigualdad. Se reafirma de este modo que continuará sin ser necesaria ningún tipo de movilización para reclamar el apoyo electoral para las opciones políticas conservadoras y reaccionarias.

El discurso cínico de la iglesia presentándose como víctima de una persecución encabezada por la sociedad civil y el desprecio y la desconsideración intolerante hacia los valores que no sean los de la fe católica agrandan la brecha social entre católicos y laicos, entre quienes creen en la convivencia democrática y entre quienes pretenden la imposición de su manera de entender el mundo y la vida.

No se pierdan durante estos días las sabrosas informaciones que nos harán ver con claridad las diferencias entre unos y otros. Sabían que un gay genera en la fiesta del orgullo 15 veces más basura que un peregrino de la JMJ? Seguro que tampoco se esperaban que los beneficios de la JMJ compensarán las pérdidas ocasionadas por el 15M; pues así es, según la Comunidad de Madrid.

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