35 años de prudencia española en El Sáhara

Después del desmantelamiento por la fuerza del campamento de Gdeim Izik, El Aaiun es una ciudad hermética, caótica y cerrada. Un lugar tomado por la policiía y por el ejército, ocupado por la represión que alimenta la mezquindad de los súbditos del joven rey que se dedican a perseguir y a saquear al pueblo saharaui. Un lugar cerrado para los medios de comunicación y las organizaciones internacionales por motivos de seguridad nacional donde hay muertos, heridos, detenidos, desparecidos… devastación en fin. Después de la ocupación y la masacre, comienza la limpieza étnica.

"Marruecos desmantela campamento"
El campamento saharaui arrasado por las fuerzas marroquíes

A pesar de todo ello, a pesar de la contestación social, de la indignación y de la vergüenza que tantos ciudadanos sienten, el gobierno de España desde ‘una actitud responsable, prudente y correcta’ lamenta pero no condena la actuación de Marruecos en el Sahara. Intereses de España, dicen; intereses de la Unión Europea con su socio preferente.

Cómo no sentir asco y vergüenza. Cómo admitir que haya intereses que sobrepasen los de los ciudadanos, los derechos humanos. Cómo aceptar los argumentos que, reconociendo la injustcia de la masacre humanitaria que está padeciendo el pueblo saharaui, defienden la inevitabilidad de la situación por  intereses comerciales, políticos o geoestratégicos. Difícilmente, verdad.

Quizás por ello, en la manifestación del día 13 en Madrid en la que decenas de miles de ciudadanos han apoyado al pueblo saharaui, muchos de sus jóvenes han desbordado la cabecera insititucional para adelantarse gritando ¡Queremos guerra! Como ayer en Tinduf (Argelia), donde cientos de saharauis pedían al Frente Polisario volver a las armas, al lenguaje del fuego y el hierro que practica Marruecos.

Manifestación en Madrid
Decenas de miles de manifestantes en Madrid contra la ocupación marroquí

La verdad es que este deseo no resulta extraño dado que la vía negociadora ya no parece tener más recorrido y prolongar la negociación es prolongar la agonía del pueblo saharaui.

Sin embargo, queda la esperanza: siempre que se lucha hay una posibilidad de victoria.

El Mainstream nuestro de cada día

Leo en EPS el reportaje de Olvido Alaska sobre Lady Gaga. Confieso que, en principio, Lady Gaga no me resulta atractiva, pero reconozco que el personaje no deja de interesarme. A mi y al parecer a muchísima gente más, si no vean: más 10 millones de personas la siguen en Facebook, más que a Obama. Dios!!!

Como casi siempre en este tipo de reportajes lo más relevante suele incluirse en los destacados que completan la información. En uno de ellos se hace un recorrido cronológico por la trayectoria de la Gaga, y ahí está: «En 2010 su portada en la edición USA de Elle allana su camino al mainstream».

Durante el fin de semana es el enésimo  mainstream que me asalta. El más reciente en Babelia donde un escritor poco conocido afirma que su última novela que es «la más mainstream».

Bueno. Qué es esto.

Confieso, otra vez, que estos términos a la vez que me inquietan, me atraen: mainstrem, lifestream, storytelling… Resonancias, sugerencias, atractivo, sonoridad de las palabras (igual que a Yoriento le encanta tórrido, por ejemplo) En este caso, supongo que se debe, entre otras cosas, a mi torpeza y escasa familiaridad con el idioma del imperio.

Busco pistas rápidas: en Wikipedia, en Google

Y aquí estamos: de algún modo se trata de entrar de lleno en el gusto de la gente normal, instalarse en el convencionalismo desde la ruptura inicial, desde la rareza, ser acogido en el reino del mercado, al fin y al cabo. Bueno.

El círculo se va cerrando, por fin. Víctor Gil, sociólogo, investigador, autor de Crossumer, de Coolhunting, coolhunter él, hace una aproximación a las competencias profesionales y al perfil de este nuevo profesional emergente en el ciclo Debate y Conocimiento de la Fundación Telefónica, junto con Manuel Serrano, consejero de la agencia Coolhunting Community, moderados por Juan Luis Polo, socio director de Territorio Creativo. Le sigo con interés a través de la excelente mediateca de la página de la Fundación: se trata de perseguir indicios para, finalmente, desvelar tendencias que tienen sentido sólo si son viables comercialmente, asumidas por lo tanto, por el mainstrem. Vale, reconocidas por públicos masivos, abosorbidas por la sociedad de consumo.

Por lo tanto, no se trata de productos de consumo diseñados y pensados así en origen, sino en la posiblidad de incorporar al mercado ideas, propuestas… de algún modo marginales, fuera de ese circuito, rompedoras, innovadoras.

Significa renunciar a planteamientos puros?. Con los años nos volvemos mainstream?

¿ O no?

Continuará.

Morir

No suelo leer, normalmente, a Rosa Montero por diversas razones que no vienen al caso. Hoy, sin embargo, me llamó la atención el titular de su columna: Morir. Habla de Aminetu Haidar y de su decisión de dejarse morir por dignidad. Su actitud está logrando, de algún modo, que las miradas de muchos de nosotros, de eso que antes se decía la opinión pública (no sé si en estos tiempos en red sigue teniendo sentido ese concepto de la comunicación de masas), de la política, de los medios de comunicación se dirijan al Sahara, sobre todo a los saharauis y a Tinduf, los campamentos de refugiados.

Visitar Tinduf, convivir dos o tres días nada más con una familia de refugiados marca profundamente con una herida que dibuja con trazos gruesos el Sahara en tu corazón.

Cuando llegué a la hammada busqué el cielo estrellado por ver si sentía lo que contaba Bowles de las noches del desierto y no vi nada más que estrellas lejanas y desamparo.

Volví con una vergüenza occidental de la que no he sabido, ni querido desprenderme.

Invitación a la lectura

El lenguaje mudo.  Los libros son mucho más que objetos animados. Deliciosa invitación de Leila Guerriero a los placeres oscuros de la lectura: todo lector es dueño de un lenguaje que delinea las fronteras de su reino.

Impagable la imagen de Marylin que ilustra el artículo: Marylin leyendo Ulyses de Joyce. Adoro los clásicos.

marylin leyendo Ulises