Estos son tiempos difíciles, pero que no cunda el pánico

Es posible que estemos ante un cambio de época tan radical como el que relata Stefan Zweig en su autobiografía El Mundo de Ayer, Memorias de un europeo y se esté desmontando más que una manera de  entender y de vivir la vida, como en la historia de Zweig, el marco social que hasta ahora pretendía dar cabida y amparar en buena medida las vidas y el bienestar social de la población. Por eso, también son tiempos nuevos.

Los cambios generan siempre inquietud, incertidumbre y vértigo porque en muchos casos suponen la pérdida de nuestras referencias,  de nuestros  contextos, y nos llevan a territorios inestables por desconocidos y a la desaparición de nuestras zonas de confort. Muchas veces, también, son oportunidades de mejorar. Pero normalmente esta afirmación sólo tiene sentido cuando nos referimos de forma aislada al ámbito individual o personal,  de ahí las historias que en tiempos como estos ejemplifican la bondad de las situaciones extremas para afrontar giros personales, vitales o profesionales.

Difícilmente esas oportunidades se dan en el ámbito social, sobre todo cuando el desmantelamiento de las condiciones de vida y la modificación de las reglas del juego son tales que prácticamente se  impide maniobrar a los que están afectados.

A mi modo de ver, se está acabando con un modelo de sociedad  al que se ha llegado de un modo natural después de haber peleado por algo parecido durante mucho tiempo; un tiempo gris y áspero en el que nuestro país ha sido un ejemplo de oportunidades perdidas y ha ocupado el vagón de cola de la historia. Una propuesta, un contrato con los ciudadanos que pretendía garantizar el derecho a una vida digna a la mayor parte de las personas: un modelo social que paradójicamente los machos alfa europeos exigen desbaratar y que nuestros gobernantes se aprestan a hacerlo, diciéndonos que eso ya no es posible, sin presentar ninguna alternativa.

Más allá de los debates y de los porqués -que parece que resultan estériles- es evidente que las decisiones que se están adoptando no son en ningún caso inocentes y se dirigen a laminar los pilares básicos que permiten a cualquier sociedad avanzar asegurando la igualdad de oportunidades y procurando el crecimiento colectivo: educación y sanidad; empleo y dependencia; vivienda; investigación y desarrollo; cultura;  derechos sociales…

Contra el desmantelamiento de ese modelo social es por lo que se manifestaron el #19J en muchas ciudades españolas cientos de miles de personas indignadas, ofendidas y cada vez más acorraladas por las medidas que se están adoptando con la excusa recurrente de la crisis. Una realidad que empieza a ahogar.

Estuve  en la manifestación de Madrid  que me pareció un ejercicio ejemplar de dignidad, solidaridad, compromiso y ciudadanía, aunque finalmente las fuentes oficiales, las autoridades y los medios se ocuparan de recurrir a lugares comunes para diluir la referencia a un sentimiento colectivo que aunó la voz de muchos ciudadanos y ciudadanas a lo largo de todo el país.

Se impone la mentira, cuando no el cinismo
Los medios de comunicación subordinan su función social de denuncia de los abusos del poder a su condición de empresas informativas. Los gobernantes no dudan en mentir, en negar la evidencia, en desdecirse o recurrir al eufemismo como argumentación: se ha vivido por encima de nuestras posibilidades; todo lo que se está haciendo es inevitable y tiene como único objetivo preservar el bienestar de los ciudadanos cuando en verdad sabemos que estamos ante una gran estafa, ante un fraude global.

Ya no se trata de convencer, ni siquiera de engañar. Se pretende imponer un estado de ánimo: el desestimiento, la desesperanza y la aceptación. El miedo y  el retraimiento a posiciones individuales y egoístas. La inutilidad del compromiso, la sensación de impotencia  ante lo inevitable. El poder se aprovecha de la   desconfianza  de los ciudadanos hacia la política y de la falta de respuestas adecuadas y coherentes de la sociedad civil.

A pesar de que la sociedad va avanzando en enfoques y en iniciativas abiertas e innovadoras para fomentar la participación, la colaboración y la transparencia en el gobierno de los asuntos públicos, las estructuras del poder se resisten. Parece que en las nuevas actitudes, en la forma de abordar los asuntos desde otras perspectivas, en promover la extensión del conocimiento puede haber un atisbo de esperanza, una salida y una alternativa, al fin, a tanta codicia y despropósito.

El vídeo de esta entrada es de Irene

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3 comentarios

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3 Respuestas a “Estos son tiempos difíciles, pero que no cunda el pánico

  1. Isabel @enpalabras

    “Siempre me han interesado esos mecanismos, supongo que por descubrir cómo se podrían desactivar. Quizás por eso ese atisbo de esperanza: afrontar los problemas, actuar con rigor y honestidad, confiar en el impulso social para transformar realidades adversas e injustas, para avanzar”

    Lo firmo.. y lo llevo a mi block de notas 🙂

  2. “Pero el marco es ese”.
    El penúltimo párrafo es demoledor, Jose. Esa es la triste realidad, lo que se pretende es instalarnos en un estado de ánimo de difícil salida. Leí “No pienses en un elefante” el verano pasado por sugerencia de un amigo y me acordé inmediatamente de este fragmento de Martín H: “Saben trabajar el largo plazo”.

    Es intenso este post, mucho. La realidad de frente y sin eufemismos, conocimiento para poder alimentar el auténtico brote de esperanza, el que depende de cada una de nuestras historias personales tejidas en la colaboración y la conciencia ciudadana. Creo que Iago también estuvo en esa manifestación, alguna imagen traerá cuando vuelva.

    Como dice una pancarta del vídeo; “rescatamos personas, no bancos” o no te quedes en casa, podrían quitártela”. Hay que salir, hablar, vernos las caras. Los problemas que ahora tenemos no encuentran solución en la soledad. Estos días, haciendo kilómetros en coche, Tamara y yo comentábamos precisamente lo de los medios de comunicación. Desde las ciudades, y desde las redes, la visión que tenemos está deformada. No hay más que ver todas las pequeñas poblaciones y casas aisladas para imaginar el grado de deformación de la realidad que reciben sus habitantes ya que su principal conexión con el mundo es la televisión.

    Yo también creo que hay esperanza, pero hay que mirar de frente a los problemas. A veces, cuando lo digo, me tachan de pesimista, pero no lo soy. Lo que si defiendo es que un problema cuya magnitud desconoces es imposible de afrontar.

    Perfecta la canción de los Ilegales! 🙂

    • Muchas gracias por estar por aquí y por detenerte conmigo a leer y a reflexionar. Me encanta leerte: tus reflexiones, tus comentarios siempre me abren alguna vía interesante, despiertan mi curiosidad y señalan algún caminito por el que indagar. Me gusta.
      Coincido contigo y con Tamara sobre la visión deformada que tenemos y el grado de deformación de la realidad que trasladan los instrumentos del poder. Siempre me han interesado esos mecanismos, supongo que por descubrir cómo se podrían desactivar. Quizás por eso ese atisbo de esperanza: afrontar los problemas, actuar con rigor y honestidad, confiar en el impulso social para transformar realidades adversas e injustas, para avanzar, aprovechar la potencialidad de los medios sociales y evitar que las personas dejen de ser sus principales protagonistas.
      Me vino a la cabeza ese tema de Ilegales y no lo dudé. Hacía tiempo que no lo escuchaba. Me alegra que te gustara 🙂

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