Fragilidad

.. Y que, en las noches amargas,

todo humano amor te guarde

(W.H.Auden)

...y volar de @isbelcc

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La fragilidad no se lleva, no está bien vista fuera de la consulta de los psicoterapeutas. No gusta sentirse vulnerable, indefenso, fácil de herir y aún menos que los demás así nos sepan. No son tiempos para mostrarse frágil, para la debilidad, la languidez, la nostalgia, la melancolía, el desestimiento o la tristeza.

Cuando la realidad se conjura para acorralarnos nos impone negociar la distancia con nosotros mismos. Y no es fácil. Las exigencias para que seamos solventes en todos los sentidos son múltiples: se nos exige rotundidad y entereza para afrontar las circunstancias adversas, fortaleza para seguir adelante aceptando que las renuncias son necesarias, que lo dejado en el tránsito quizás fuera inmerecido. Se nos pide re-inventarnos, emprender, ser productivos, eficientes, entusiastas, merecedores de amar y ser amados; descubrir otros contextos, ser infalibles ante nuestro propio destino laboral y personal.

A veces, incluso, se nos impone el temor y la desconfianza, la urgencia y la prioridad de sobrevivir aunque sea a costa de todo y de todos. Este es un tiempo de miedos y la promiscuidad del miedo es nuestro sentimiento más atávico.

Se desvela entonces toda nuestra vulnerabilidad y se nos proponen recetas y rutinas para enmascararla y también, a veces, para reconocerla y manejarla como un sentimiento positivo.

Porque la fragilidad invita a la ternura, a dejarse llevar por los sentimientos, a perseguir sueños imposibles, a dar entidad a las emociones, a orillar la arrogancia. A los hombres nos aproxima a un universo femenino que nos resulta extraño y envidiable a la vez. Y a ellas quizás les haga más ellas, más mujeres. No sé.

Sentirse vulnerable, quizás, también aleje de la ambición del poder, de esa frialdad para ejercer el mando que todavía se reclama. De querer sentirnos poderosos en todos los ámbitos, incluso en el amor.

A veces actitud, también territorio de la duda; escenario de incertidumbres cuando el amor nos arrasa y atraviesa como una torrentera de sentimientos y de carne, como un abismo de lluvias y temores que emerge nuestra identidad primera desvestida de gestos y caretas para desvelar la imposible simetría del amor. Al fin y al cabo, en el discreto teatro de la intimidad no hay más que la verdad desnuda y la fiesta interminable del cuerpo a cuerpo.

Elliot Erwitt

Elliot Erwitt

Convendría ser honestos, conscientes de nuestra debilidad y de nuestras limitaciones para dejarnos mecer por los impulsos de las emociones y renunciar a batallas estériles. Reconocer nuestra fragilidad debería hacernos fuertes para sabernos únicos pero, a la vez, parte de los otros; minúsculos sí, pero piezas de un sueño invisible.

Porque sentirse frágil es, en ocasiones, como disfrutar del sol en las mañanas de invierno.

Las imágenes de esta entrada son de Isabel Cáceres y de Elliott Erwitt

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4 comentarios

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4 Respuestas a “Fragilidad

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  3. “A veces actitud, también territorio de la duda” ¿Y la duda como actitud?

    Magnífica reflexión Jose. Preciosa, intensa, serena… El cerebro del corazón se ha desplegado en plenitud, como aprovechando el sol de las mañanas de invierno. Si el post describe tu momento, es uno de esos regalos de la Vida que hay que aprovechar.

    Lo he leído varias veces, y presiento que alguna vez que vuelva a él seguiré encontrando matices nuevos y eslabones para algunas pequeñas certezas que encontraba yo un poco desconectadas.

    Relacionas la fragilidad con la vulnerabilidad, pero también con la arrogancia… ¡Fantástico! Porque realmente es arrogancia esa capacidad de sabernos y reconocernos en nuestra fragilidad, ante nosotros y ante el mundo. Fragilidad como fortaleza, únicos y parte de los otros, nos aleja de la frialdad del poder a la vez que nos hace poderosos…

    Sé que este no es un comentario en condiciones, en realidad, me estoy recreando en lo que transmiten tus palabras. Casi como si quisiera aprenderlo de memoria y no ceder “cuando la realidad se conjura para acorralarnos y nos impone negociar la distancia con nosotros mismos”. Porque no sólo no es fácil sino tampoco deseable.

    ¡Precioso post! De los que llegan dentro. Gracias por compartirlo.

    ¡Un abrazo! 🙂

    • Esta noche, cuando entraba en casa -tarde- me preguntaba cómo estarías. No sabría decirte porqué pero me acordaba de ti y consideraba la oportunidad y el tono para pedirte noticias por alguno de los medios que compartimos.
      Me gusta oírte y tu comentario es como un regalo que reconozco y agradezco de verdad.
      Ya sabes que me cuesta mucho escribir y últimamente más. La idea de este post estaba latente desde hace algún tiempo y su redacción también congelada durante los últimos meses. Es verdad que este período ha resultado intenso en muchos sentidos, sobre todo en el personal y he necesitado ese tiempo para digerir sentimientos y decantar algunas ideas para luego poder contar. El momento ha sido propicio, la verdad.
      Si te ha gustado, me alegro de verdad y doy por bien empleados mis silencios últimos, mi pereza y…mi fragilidad.
      Me gusta saber de ti.
      Un abrazo,

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