22-M Mensajes y Estrategias (I)

El próximo 22 de mayo estamos convocados a elegir a nuestros representantes en municipios y comunidades autónomas. En principio deberían ser nuestros representantes más cercanos, quienes decidan y lleven a cabo actuaciones y políticas que nos afecten más directamente en nuestra vida diaria en ciudades, pueblos y comunidades. En principio también, las elecciones municipales deberían ser una fiesta cívica, una plataforma y una oportunidad para la participación de la comunidad. La posibilidad de decidir cómo queremos vivir en nuestro entorno más cercano.

Elecciones municipales y autónomicas 2011

Pero, esto no es así, claro. Toda la retórica del sistema democrático sirve fundamentalmente para alimentar los discursos y la mitología que retroalimenta al propio sistema y que sirve, fundamentalmente, a sus principales valedores:  instituciones, instancias políticas y medios de comunicación.  No es este el lugar, ni tampoco el momento para señalar los déficits de una democracia anormal y enclenque como la nuestra en la que la participación se limita a los aspectos más formales como son las citas electorales, cercenando y limitando posibles fórmulas de participación más directas, más reales, más ciertas y, en definitiva, más eficaces.

Quizás por eso los focos siempre se orienten a las campañas electorales, a sus diseños, a sus mensajes y a las estrategias que despliegan para captar la atención, el interés y, finalmente, el voto de la ciudadanía. Al fin y al cabo, las campañas son la punta de lanza de la manera de entender la participación democrática. Una participación periódica, aislada e instrumental.

Sin embargo, se tiene la certeza de la escasa influencia que el desarrollo de las campañas tiene en los resultados electorales. Parece que el sentido de los votos, en su mayor parte, están decididos con antelación  y que, finamente, su incidencia no va más allá de un 1%.

La campaña que ahora nos toca vivir, la del 22 de mayo, resulta significativa en este sentido. Desde hace meses sino años, las propias formaciones politicas y los medios de comunicación han ido difundiendo los resultados de las encuestas que ellos mismos han encargado y de otras de carácter oficial para conocer la intención de voto en sus ámbitos respectivos. Ya se ha conformado un clima, una sensación, en ocasiones las certeza de que los resultados serán unos determinados. A medida que se acerca la fecha de la cita electoral, las incertidumbres son menores: quedan algunas incógnitas de detalle que los estudios metroscópicos no han podido resolver, pero se ha conformado la idea colectiva de qué opciones políticas parece que resultarán las ganadoras.

De este modo, la función de las campañas queda aún más debilitada configurándose como actos de autoafirmación en los que las distintas fuerzas políticas diseñan sus actos de campaña utilizando a sus partidarios más conspicuos al igual que en los programas de televisión, como claque domesticada, como escenografía de una puesta en escena que pretende únicamente alcanzar, a través de los altavoces de los medios de comunicación a una buena parte de la ciudadanía con mensajes perfilados como eslóganes publicitarios vacíos de contenido. No hay espacio para la participación, no hay lugar para el debate ni entre los candidatos ni entre éstos y los electores. Las campañas son unidirecciones.

Sin embargo, ésta que nos ocupa es la primera cita electoral en nuestro país que se desarrolla en ‘la era de las redes sociales’, medios participativos cuyas señas de identidad pasan por las conversaciones y la interacción, es decir por la comunicación en dos direcciones. Por lo tanto, podremos comprobar los efectos y la incidencia, si es que la tiene,  del añadido 2.0 en su desarrollo: política 2.0.

Durante estos días de campaña tengo la intención de detenerme en las estrategias y los mensajes que han desplegado cuidadosamente las principales formaciones políticas para concurrir a estas elecciones. Situar la intención de voto inicial y repasar sus principales actuaciones de comunicación para ganarse a los electores o para cumplir con su papel de preservación de sus roles en el circo democrático institucionalizado. Preguntarme también sobre el porqué de las nulas consecuencias que tienen en los resultados electorales las actuaciones irregulares o claramente delictivas que durante sus mandatos han llevado a cabo algunas opciones políticas y determinados candidatos.

En fin, darle forma a mi manera de ver y entender el papel de la comunicación en el juego de la política.

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